PSG 1-2 Manchester City, ida Semifinales: resultado, goles y resumen

Un brillante segundo tiempo permite a los dirigidos por Pep Guardiola una voltereta vital.

FERNANDO VÁZQUEZ
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Ausencia de luz o demasiada que deslumbra, las opciones sobran, así como al Manchester City que tuvo de dónde elegir solamente en 45 minutos para poner un pie en la Final de la UEFA Champions League, un periodo tan efímero pero, a la vez, tan certero para acariciar la gloria.

La escuadra de la Premier League lo perdía pero acabó por imponerse 2-1 a domicilio ante un París Saint Germain que tiró el dominio, el marcador y la ilusión al césped, un apagón mental de un tiempo a otro en la urbe que hace que todo brille... menos la falta de contundencia.

La escuadra parisina exhibió una serie de romanticismos futboleros en el primer tiempo, ad hoc para la Ciudad Luz donde se respira una libertad tan grande que hasta es contagiosa, al menos esa es la impresión que daba Verratti y Paredes al lograr una serie de movimientos con todas las facilidades británicas y un idilio local pocas veces visto en el certamen más prestigioso de Europa.

La presión en la salida rindió frutos poco a poco para el conjunto parisino que tenía también a Ángel Di María como referente en el ataque y con Neymar y Mbappé a la espera de buenas pelotas. A final de cuentas, otro de los recursos de la escuadra dirigida por Mauricio Pochetino fue el balón parado, y ahí fue donde Marquinhos aprovechó una fisura grande en el área para abrir el marcador a los 15'.

El dominio parisino en el resto del primer tiempo fue evidente, pero también muy clemente: solamente un gol de ventaja al momento del silbatazo que mandaba al descanso, algo que la calidad del plantel británico no iba a perdonar.

Un arrebato mental fue quizás la única explicación a lo sucedido en el complemento. Sin cambios, solamente la labor de Pep Guardiola en el vestuario pudo explicar la cara celeste para el segundo tiempo, los papeles se invirtieron y la presión fue ahora propuesta por el bando de los Cityzens.

La diferencia fue la brutalidad a la hora de decidir: el gol del empate parecía cerca pero no caía, y todo fue de la forma más inverosímil posible después de un centro que tomó rumbo de meta por parte de Kevin De Bruyne, un balón que parecía muy intrascendente pero que, a final de cuentas, sorprendió hasta al propio Guardiola quien saltó de la banca para festejar un tanto extraído de la nada, pero respaldado por una propuesta más agresiva.

No hubo tanto drama a los 71' cuando Riyad Mahrez "devolvió el favor" y, con cobro a balón parado, decretaba la voltereta en el Parque de los Príncipes y la debacle de un PSG que perdía a un jugador quien, a su vez, perdía la cabeza: Gueye vio la tarjeta roja y dejó en mayor desventaja a su equipo a los 77'.

Un tiempo para cada equipo, pero con dosis de letalidad distinta para cada uno, sobre todo con un City que hoy más que nunca puede empezar a saborerar la gloria. El PSG tendrá que hacer al menos dos goles en el Etihad la próxima semana, pero con un apagón mental como el mostrado en Francia, la vuelta será casi un partido anecdótico.