Andrés Vaca | La lección que me dejó Federer

Gracias Roger por enseñarme que hay que seguir sorprendiéndonos.

logo

En la vida hay muchas cosas que damos por sentado, que las hacemos porque nos “toca hacerlas” y, en ocasiones, no valoramos el hecho de estar ejecutándolas.

En el trabajo pasa. A veces nos da flojera hacer algo porque ya lo hemos hecho antes o porque “crees que debería hacerlo alguien más”; somos humanos al fin de cuentas, todos hemos caído en eso.

Una vez leí que cuando te cuestiones, quejes o te dé flojera hacer algo, hagas el ejercicio de preguntarte si cinco años atrás te habrías quejado de eso. Difícilmente te encontrarás diciendo que sí.

Este fin de semana me tocó ver al más grande de todos los tiempos en su deporte llorar una vez más por un campeonato. Me enseñó que después de alzar 102 títulos, el 103 puede disfrazarse del primero para provocar un llanto digno de un niño de 10 años.

Publicidad

Me demostró que a pesar de jugar en canchas del tamaño de Paris, Londres, Dubai, Melbourne y otras más, la de tu pueblo natal puede ser más grande que cualquiera.

Me confirmó que no hay edad para la capacidad de asombro, que las emociones son el motor de nuestra vida y que sin ellas este texto no existiría.

El que me dio toda esta lección fue Roger Federer, que tras alzar su título 103 -entre ellos 20 Grand Slams- quebró en llanto como si se hubiera tratado del primero.

Gracias Roger por darme una lección que en la vida hay que seguir sorprendiéndonos, amando lo que hacemos y jugando nuestros partidos de la vida como si fueran los primeros y los últimos.

Publicidad