Jesse Owens, el aguafiestas de la Alemania nazi en 1936

Ganador de 4 medallas de oro, se convirtió en símbolo desafiante del racismo.

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Un día como hoy, James Cleveland Owens, 'Jesse' Owens, como es mejor conocido a nivel mundial, desafió a la Alemania Nazi con su participación en los Juegos Olímpicos de Alemania en 1936. Fue el atleta negro que echó a perder la fiesta aria frente a los ojos de Hitler.

En 1931 se otorgó la sede de los Juegos Olímpicos a Alemania, pues tras perder la Primera Guerra Mundial, tenía la intención de regresar a la comunidad de naciones. El partido nazi ascendió al poder dos años después y su celebración se comprometió grandemente. Incluso, varios países amenazaron con un boicot. Se propusieron eventos alternos, pero no se celebraron; tampoco había mucho interés de parte de Adolf Hitler.

Fue cuando Joseph Goebbles lo convenció del potencial propagandístico del evento que el líder del III Reich puso atención en ello con la intención de mostrar al mundo la superioridad de la raza aria a través de los deportes, de enviar el mensaje de modernidad y amablidad de su régimen, y todo parecía que iba a mostrarse como tal.

Con 23 años, el nacido en Alabama ya conocía muy bien las políticas raciales. Como negro en una comunidad segregada en Estados Unidos entendió que no todos los hombres nacen iguales. Era un brillante atleta que logró en la Universidad de Ohio ocho títulos de la NCAA, pero a pesar de ello, no recibió beca alguna y tampoco se le permitía alojarse en el campus o alimentarse en los restaurantes para blancos. Un año antes de presentarse en Berlín, durante la Big Ten Conference universitaria, en menos de una hora rompió tres récords mundiales e igualó otro. Los 8.13 metros que logró en salto de longitud fue un récord que permaneció 25 años.

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Con ese palmarés llegó a Alemania en 1936, y ganó su primera medalla de oro en el tercer día de competencias en los 100 metros planos. Al día siguiente en el salto de longitud, ganó por la ayuda de un atleta alemán, Carl Ludwig 'Luz' Long, quien le dio un consejo técnico para cambiar su actitud ante la competencia que estaba perdiendo en la clasificación y que ganó gracias a su intervención. A este atleta alemán, siete años después, los nazis lo pusieron en la primera línea en la invasión a Sicilia, donde perdió la vida producto de las heridas sufridas en combate.

Para el quinto día, se llevó la carrera de los 200 metros y el 9 de agosto se adjudicó el oro en los 4x100, donde sustituyó con Ralph Mecalfe a dos atletas judíos en una hazaña que por polémica que pareciera, el mismo Hitler tuvo que reconocer.

Fue un capítulo dramático en la historia que lo llevó a ser uno de los personajes favoritos de aquellos que luchaban contra la supremacía racial y aquellos que han utilizado su imagen para defender los derechos de las minorías, los colores y las culturas.

Regresó de la gloria deportiva a su realidad en Estados Unidos, donde en su homenaje no entró por la puerta principal del hotel Waldorf Astria sino por la entrada de montacargas. Le retiraron el status de 'amateur' por tratar de aprovechar su fama para obtener un patrocinio.

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Después de sus hazañas realizó trabajos humillantes como competir a carrera contra caballos hasta que cayó en bancarrota.

Fue nombrado eventualmente embajador de buena voluntad, hasta el día de su muerte, cuando falleció de cáncer de pulmón a los 66 años el 31 de marzo de 1980.