Ricardo Otero | Tokyo 2020 y la covid-19: la tormenta inesperada

Japón, una potencia tecnológica y económica, sufre mucho más de lo esperado con la pandemia de cara a los Juegos Olímpicos Tokyo 2020.

RICARDO OTERO
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Algo raro está pasando en Japón. Su cultura es conocida por su precisión, su compromiso con la verdad, el honor y su capacidad de evolucionar. Un país potencia a nivel mundial en términos de economía y tecnología que prometía unos Juegos Olímpicos sin sobresaltos, con todo a tiempo y ultramodernos.

Todo iba acorde al guión… hasta los primeros meses de 2020.

Si bien la pandemia le ha pegado a todos, el impacto ha sido disparejo y paradójicamente, el manejo de la crisis en Japón ha sido inferior a lo que habríamos pensado.

En Japón ocurre un fenómeno respecto a la covid-19 que alarma: si bien todos los países tienen un subregistro de decesos por la pandemia, el de la nación anfitriona de los Juegos Olímpicos es, por decirlo bonito y diplomáticamente, una locura.

En México, por ejemplo, es del 183%, es decir, que por cada fallecimiento que ha reportado la Secretaría de Salud hay que multiplicarlo por 2.83 para conocer su valor real respecto al exceso de mortandad que existe.

En el caso de Japón, este índice se dispara al 942%, es decir, que por cada fallecido que reporta su gobierno, hay 10.42 más en la realidad.

Estas cifras están contenidas en un estudio del Instituto para las Métricas y Evaluación de la Salud de la Universidad de Washington, con datos de decenas de países al 5 de mayo pasado, que afirma que el número de muertes por covid-19 a nivel mundial es de cerca de 7 millones, más del doble de los reportes oficiales.

Digo todo esto porque Japón registró, a esa fecha, hace una semana, 10,390 muertes por covid-19, pero el estudio sugiere que en la realidad eran 108,320. Y sigue creciendo.

Entre los 20 países con mayor exceso de mortandad a nivel mundial, de acuerdo con este estudio, Japón es justamente el que tiene una mayor discrepancia con el registro oficial de sus fallecidos.

Pese a que este país es potencia económica y tecnológica a nivel mundial, los estragos de la pandemia saltan a la vista y la recuperación no es del todo halagadora.

A 100 días del arranque de Tokyo 2020 , menos del 1 por ciento de la población ha recibido dosis de la vacuna. Al día de hoy, 28 días después, ese índice apenas subió al 3.7 por ciento.

Recordemos que la mayoría de las vacunas que circulan a nivel mundial son de dos dosis.

¿Cómo es que Japón se rezagó de esta manera en la “carrera” por la vacunación?

El gobierno encabezado por el primer ministro Yoshihide Suga apostó desde el inicio de la pandemia por la creación de una vacuna local que nunca llegó y, ya muy tarde, se formó en la fila para comprar las que hay disponibles y que ya conocemos, según diagnosticó el columnista del Washington Post residente en Tokio William Pesek .

Otros países tuvieron estrategias diferentes, no exitosas en lo ideal, pero sí con mayor protección. México apostó muy tarde por una vacuna propia, la “Patria”, que ya está en fases de prueba, pero desde un inicio compró medicamentos y ya circulan provenientes Estados Unidos, Bélgica, India, Rusia y China, al menos. El índice de vacunación en nuestro país es de 17 dosis por cada 100 personas. Insuficiente, sí, pero mejor que el de Japón.

¿A qué vamos con todo esto?

Con estas cifras, no puede ya sorprendernos que haya un marcado rechazo popular en el país alrededor de los Juegos Olímpicos ni que se haya prohibido el acceso a aficionados del extranjero para las competencias.

Tokyo 2020 parece ya más una obligación forzada a cumplir que un evento querido, deseado y trabajado por un país que se levantó de sus cenizas tras la Segunda Guerra Mundial para convertirse en una potencia y modelo a seguir a nivel mundial.

En 1964, la capital de Japón abrió las puertas del olimpismo al continente asiático en plena recuperación de la Guerra y las bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki. Lo que 56 años después parecería el lucimiento total del esplendor nipón gracias al deporte, vuelve a tornarse un evento que tomará al país en medio de otra crisis y de dudas que, pensábamos, jamás tendrían.