Ricardo Otero | Lo que significan unos JJOO sin aficionados del extranjero

Tokyo 2020 se celebrará, pero la ausencia de aficionados extranjeros será percibida como un factor que nunca se habrá valorado tanto.
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Por: Ricardo Otero
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Al ver la noticia de que Japón no permitirá el ingreso a aficionados del extranjero durante los Juegos Olímpicos y Paralímpicos Tokyo 2020, me vinieron algunas historias a la cabeza que no forman parte de las estadísticas ni los medalleros, pero que le dan el sentido universal a este evento deportivo.

Pensé en lo medianamente afortunada que habría sido la gimnasta Elsa García de haber ocurrido esto en Londres 2012: su madre y su tía no habrían podido viajar desde Monterrey para verla, pero su hermana, entonces estudiante de maestría en el Reino Unido, sí habría podido presenciar sus competencias.

Pensé en lo desafortunado que habría sido Germán Sánchez, cuyo padre pudo abrazarlo después de ganar su primera medalla olímpica en esa justa y cuatro años más tarde en Río 2016. Su padre pudo atestiguar el impulso a la historia de su hijo desde la plataforma de clavados antes de fallecer a causa de la pandemia de covid-19 el pasado 9 de febrero.

Pienso en todos los padres, hermanos, parejas y amigos de los deportistas olímpicos que seguramente hayan ahorrado, organizado rifas, pedido préstamos y exprimido hasta el último peso para acompañar a su atleta, a su superhéroe particular, en el momento más importante de su vida, después de verlo fracasar y triunfar incontables veces hasta cumplir el sueño de ir a unos Juegos Olímpicos y tener que verlo por televisión, en el caso de México, a 14 husos horarios de distancia.

Pienso, por supuesto, en los atletas que llegarán con el entrenador, fisioterapeuta y psicólogo, pero sin el equipo que siempre los apoyó y que invirtió tiempo, dinero, lágrimas y sonrisas en verlo triunfar.

Unos 11 mil atletas competirán en Tokyo 2020 . Si se mantiene la estadística de que el 73.7 por ciento de los deportistas olímpicos participan en solo una edición, poco más de esos 8 mil “equipos” de padres, hermanos, primos, parejas, amigos, entre otros, se perderán la experiencia de estar en la grada olímpica viendo a su ejemplo a seguir y a su mayor inspiración en el área de competencia, sea de manera tan fugaz como en los 100 metros planos o en un torneo de deportes de conjunto por dos semanas.

No digamos aquellos que, además, tendrán la fortuna de verlo ganar una medalla.

Por eso recordé aquella foto del profesor Germán Sánchez Molina afuera del centro Acuático de Londres 2012, cuando fue captado corriendo a abrazar a su hijo, quien ya tenía la medalla colgada al cuello. Esos abrazos, con o sin presea de por medio, tendrán que esperar hasta un largo viaje de regreso a casa.

Claro que pensar que los deportistas se perdieran la experiencia, de haberse cancelado los Juegos, habría sido peor.

Tokyo 2020 se realizará más acorde a una lógica de compromiso comercial que de seguridad sanitaria. La pandemia probablemente extienda la brecha que hay entre los países poderosos y los demás, pero más que el medallero, lo que le da la magia particular al deporte es la reunión de los países del mundo.

Estos Juegos Olímpicos nos harán ver que ese mosaico cosmopolita no se da solo en la competencia, sino también fuera de ella, que tan importante es ver a los atletas del mundo en sana competencia, como a los aficionados fuera de ella intercambiando palabras, presentes de sus tierras y generando nuevas amistades incluso pese a la barrera del idioma.

La decisión que tomó el gobierno japonés es a la vez dolorosa y sensata. No hay manera de controlar que la pandemia se propague con visitantes de 200 países del mundo, algunos con índices de contagio muy superiores al resto y a los propios anfitriones de la justa.

Tokyo 2020 será un ejemplo de resiliencia ante la adversidad , pues el entorno mundial es el peor que se ha visto en 75 años y su realización será una luz de esperanza en medio de un panorama gris económico y sanitario. Los atletas serán esos superhéroes que le den un motivo a la gente de admirar la esencia humana y sus capacidades.

Pero faltará, y mucho, ese lenguaje universal del abrazo que dice “bien hecho, estamos orgullosos de ti” al final del camino de una vida que llegó al cumplimiento de un sueño.