Ricardo Otero | Formar campeones, no solo medallistas

La exigencia, el apoyo de la federación y la normalización de nuestro nivel tienen al deporte mexicano lejos, muy lejos, de su verdadero potencial.

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Las generaciones más jóvenes, digamos, de unos 28 años de edad o menos, no vivieron aquella época en las que las medallas olímpicas de México eran literalmente a cuentagotas por cada justa.

Me tocó ver cómo las preseas en Seúl 1988, Barcelona 1992 y Atlanta 1996 tardaban en llegar y luego no llegaban más. Fueron cuatro entre todos esos Juegos, una cifra que hoy es prácticamente el mínimo que gana México en una sola edición.

Pero desde Sydney 2000, por regla había al menos platas u oros en cada uno. Atlanta 1996 fue uno de los puntos más bajos del deporte mexicano con solo un bronce. En Barcelona 1992, la Conade hizo un pronóstico de 10 medallas -como ahora- y se ganó una de segundo lugar y hasta el penúltimo día de competencias.

Una época que parecía haberse diluido en el recuerdo pretende volver. Sí, hasta ahora son tres bronces, con uno posible más en el futbol y la esperanza de alguna sorpresa en clavados, ciclismo de pista y golf. Quizás para el domingo la cuenta sea más halagadora, como el “sprint final” de Río 2016 cuando los cinco metales llegaron en los últimos cuatro días de competencia, pero si no es así…

Podríamos decir que de uno a tres bronces hay un 200% de avance, pero hay que considerar contextos: las tres preseas que tiene México al día de hoy en Tokyo 2020 se ganaron en pruebas que no existían en Atlanta 1996.

Revisa la agenda COMPLETA de los mexicanos en Tokyo 2020.

No todo son medallas

¿Qué podemos poner cómo avance?

Hasta ahora, en 17 pruebas olímpicas de Tokyo 2020 , México ha tenido representantes entre los mejores ocho lugares y está asegurado ese lugar en una más, el torneo de futbol. En clavados, ciclismo de pista, golf y quizás en marcha atlética se puedan sumar más.

En siete de esas pruebas, se estuvo a un solo lugar de la medalla: seis cuartos lugares y un quinto en un deporte -el boxeo- que entrega dos bronces.

¿Cuenta? Claro, todo cuenta. En Río 2016 esa cifra fue de 21, misma de Londres 2012, con la salvedad, claro, de que en aquellos Juegos acercarse a los primeros lugares representó más medallas.

Y si bien hay que valorar cuando un mexicano, en lo que sea, está entre los mejores ocho del mundo en lo que hace, vale también preguntarse por qué ha bajado el nivel de excelencia deportiva progresivamente en esta última década.

Hubo fallas puntuales en pruebas en las que la medalla estaba al alcance. Claro que han pasado cosas así antes, pero como antes tantos mexicanos no se acercaban a ellas y alejaban en el último intento, era menos visible ese problema.

¿Pasa por temas mentales? ¿Se trabaja adecuadamente con el deportista mexicano respecto a las emociones, los miedos, las inseguridades, el pánico escénico y todo aquello que puede nublar a una persona en situaciones límite?

En aquellas épocas de una o dos medallas, específicamente en la mayoría de los Juegos del siglo XX, se decía que el mexicano salía con el 1-0 en contra cuando enfrentaba a alemanes, estadounidenses o soviéticos. Ese mito, pienso, ha quedado atrás. Ahora los fantasmas aparecen en el cierre de las competencias.

Y que me disculpen si generalizo. No es mi intención señalar atletas porque hay actuaciones de las que podemos estar muy orgullosos, mientras que a los demás hay que arroparlos e impulsarlos para mejorar.

Pero algo pasa cuando vemos a atletas adolescentes ganando medallas, ganando incluso oros, mientras aquí nos justificamos diciendo que los nuestros se están fogueando para los siguientes Juegos Olímpicos.

Hay que subir (mucho) la exigencia

Hay una correlación -que no es ley- entre la posición final de un país en el medallero y su tamaño de población y economía.

Algunos como Kenia y Jamaica se salen del esquema porque tienen atletas que dominan pruebas específicas. pero no podemos decir que por mera casualidad Estados Unidos, China, Gran Bretaña, Alemania, Japón y Rusia (hoy bajo representación de su comité olímpico) suelen ser los países líderes en el medallero.

Por tamaño de población y economía, México debería estar peleando en el rango de los lugares 10 a 20. No entre los líderes, pero sí con un rango de 5 oros como mínimo y 8 ya como una actuación sobresaliente.

Hoy, hablar de cinco oros para México en unos Juegos Olímpicos es un sueño guajiro. En México, la exigencia, o al menos deseo, es de cinco medallas, del color que sea, cuando en el medallero vale más un oro que 100 platas.

En México buscamos formar medallistas, pero no campeones olímpicos.

Subir la exigencia significa cambiar el paradigma para que esos medallistas que queremos formar sean de oro; así, los que hoy no llegan al podio, ganarán platas y bronces y los demás se acercarán más al éxito en sus competencias.

Suena fácil, por supuesto, pero también entiendo la dificultad que representa en un país donde la inversión del gobierno en el deporte, en todos los niveles, no solo para el alto rendimiento, ronda la cifra de un dólar por habitante… al año.