Ricardo Otero | El deporte machista del siglo XX

El movimiento olímpico partió sobre bases machistas, corrigió hacia finales del siglo XX, pero la participación equitativa no era el único pendiente.

RICARDO OTERO
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Nuestra generación se ha acostumbrado a ver las hazañas de las deportistas mexicanas, pero en el pasado eso era excepción y no norma.

Basta revisar un dato: hasta los Juegos Olímpicos Atlanta 1996, solo dos mujeres habían ganado una medalla para México y ambas lo hicieron en México 1968: la esgrimista Pilar Roldán y la nadadora Maritere Ramírez, y por cierto, justo en la edición en la que Enriqueta Basilio se convirtió en la primera mujer que encendió un pebetero olímpico.

Pero a partir de Sydney 2000 y específicamente con aquel oro de Soraya Jiménez en el levantamiento de pesas, las mujeres mexicanas han cosechado 15 de las 27 que se han alcanzado desde entonces. Y eso que falta por resaltar el papel de otras mujeres en disciplinas no olímpicas (o que no lo eran en su momento) como Lorena Ochoa o Paola Longoria.

La comparación puede parecer un poco injusta en función de que en el siglo XX, el taekwondo y la halterofilia femenina no eran parte del programa olímpico y que en muchas otras disciplinas con el paso del tiempo se fueron integrando pruebas para mujeres que antes no existían.

Aún así, pasar de dos medallas en 72 años –desde la primera participación oficial olímpica de México, en París 1924– a 15 en 16 años llama la atención por dos cosas: primero, que en efecto hubo empoderamiento del deporte femenino en México, pese a que aún hayan cuentas pendientes; y segundo, que en realidad los Juegos Olímpicos por mucho tiempo fueron un campo en el que la mujer tuvo que ir ganando muchos espacios.

De lo primero se ha hablado mucho, seguramente hoy saldrán reportajes al respecto y eso está bien, pero hoy quiero enfocarme en lo segundo.

Hemos romantizado mucho la imagen del Barón Pierre de Coubertin, el hombre que a finales del siglo XIX revivió la tradición de los Juegos Olímpicos de la Antigua Grecia y la adaptó a su época, pero así como ocurrió con aquella milenaria civilización helena, De Coubertin no planeaba, ni de cerca, darle un rol siquiera visible a la mujer en su plan.

Es más, en los Juegos de Atenas 1896 no compitió una sola mujer.

A Pierre de Coubertin se le documentaron varias frases que demuestran que lo suyo no era precisamente empoderar a la mujer en el deporte y aquí rescato algunas de ellas de ellas:

"El deporte femenino no es práctico, ni interesante, ni estético, además de (ser) incorrecto"

"El papel que la mujer debería desarrollar en los Juegos es el mismo que habrían desarrollado en la Grecia Antigua: coronar a los vencedores"

Por supuesto que era otra época. Pierre de Coubertin era un machista en un mundo exacerbadamente machista. Después del regreso del olimpismo, en 1905 se le otorgó un Premio Nobel por primera vez a una mujer; y hasta 1918 en Inglaterra, 1920 en Estados Unidos y 1955 en México se garantizó el voto universal sin distinción de género.

Pero acreditarle al padre del olimpismo moderno el papel de la mujer en el deporte, simplemente no queda.

En los segundos Olímpicos, en París 1900, hubo 22 mujeres de entre 997 participantes, hubo pruebas femeninas en golf y tenis, en la que la británica Charlotte Cooper es reconocida como la primera campeona olímpica en un torneo individual de la historia, aunque ella ni siquiera sabía en qué escenario competía, en unos Juegos caóticos y deslucidos.

Lo de Enriqueta Basilio por supuesto que es un simbolismo poderoso, pero en México 1968 la participación femenina fue de apenas el 14.2 por ciento entre todos los atletas –781 de los 5516–. La inclusión de la mujer en 72 años de olimpismo moderno había avanzado muy lentamente.

El avance más plausible ha ocurrido en las últimas cuatro décadas, hasta llegar al 45% de mujeres deportistas en Río 2016. Desde que Juan Antonio Samaranch tomó la presidencia del Comité Olímpico Internacional (COI) en 1980, se integraron al programa, tanto de Juegos de verano como de invierno, competencias femeninas en tiro, ciclismo, tenis, tenis de mesa, vela, badminton, judo, biatlón, futbol, curling, hockey sobre hielo, halterofilia, pentatlón moderno, taekwondo y triatlón.

Para Tokyo 2020, el porcentaje de atletas femeninas debe llegar al 48, mientras que en París 2024, en la misma ciudad que vio participar a las primeras mujeres y donde nació Pierre de Coubertin, el COI se ha comprometido a que haya el mismo número de mujeres y de hombres en competencia.

¿Hay más pendientes? Por supuesto, pero no hay que dejar de avanzar. La brecha salarial en los deportes profesionales y la eliminación de los abusos y el acoso sexual están en la agenda. Ojalá cada año en esta fecha podamos ver más avances, pero tampoco dejemos de hablar de lo que está mal. Visibilizar las injusticias y los errores son un paso esencial para corregir.