Ricardo Otero | 125 años de Juegos Olímpicos en medio de una crisis inédita

Hace 125 años se inauguraron los Juegos Olímpicos Atenas 1896 y la celebración es muy diferente a la esperada, ante lo que vendrá en Tokyo 2020.

RICARDO OTERO
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Hoy hace 125 se inauguraron los Juegos Olímpicos Atenas 1896 y con ello llegó la resurrección de una tradición deportiva milenaria. Y si bien ha marcado el camino del deporte en esta era, el camino del olimpismo ha sido el de una crisis tras otra por resolver.

Puede verse como un camino duro, pero también como el de un ejemplo de supervivencia. Esta celebración, que se esperaba fuera con el recuerdo de unos Juegos fastuosos en Tokio meses atrás, llega en medio de la peor crisis sanitaria que haya enfrentado, su primera postergación en unos mil 950 años y la reciente noticia de que un país ha cancelado su participación por temores respecto al coronavirus.

Corea del Norte es la primera cancelación oficial de un país para unos Juegos Olímpicos en 32 años, una de cuatro países que encabezó… Corea del Norte, en el último boicot con fines políticos que se suscitó, ya que Seúl, la capital de Corea del Sur, país con el que técnicamente se encuentra en guerra desde los años 50, fue sede del evento en 1988.

Pero vamos por partes. La era de los boicots no fue la primera crisis del olimpismo aunque sí quizás la más fuerte. La primera fue un desorden total que duró tres décadas. Tras los Juego de Atenas 1896, que tuvieron solo 10 días de competencia, las siguientes tres ediciones duraron alrededor de 6 meses, como eventos de respaldo a otros como la Feria Mundial y fue hasta Los Ángeles 1932 que se estableció un calendario similar al actual, que es de 17 días entre la inauguración y la clausura.

Tres Juegos Olímpicos han sido cancelados, todos a raíz de la Primera y Segunda Guerra Mundial: en 1916, 1940 y 1944.

De hecho, los Juegos de Londres 1948 se hicieron mientras la capital del Reino Unido se reconstruía tras los bombardeos nazis y con un modelo de austeridad que es imposible ver en nuestros días.

Hubo relativa calma en las siguientes dos décadas hasta el episodio de Septiembre Negro, donde 11 miembros de la delegación de Israel fueron asesinados en los Juegos de Münich 1972, al intentar un fallido rescate en el aeropuerto cuando eran utilizados como escudo por sus captores para escapar.

Los Juegos continuaron, pese a intensas críticas, pero lo ocurrido en Münich fue el preámbulo de una época muy complicada. Primero, la inminente quiebra del movimiento olímpico de los años 70 que narra con detalle Michael Payne, exdirector comercial del COI en su libro Oro Olímpico, seguida de la década de los 80 y los boicots.

Lo primero, el problema financiero, se solucionó con un cobro más alto (y más realista) de los derechos de televisión impulsado por la gestión de Juan Antonio Samaranch como presidente del COI desde 1980. Lo segundo fue un proceso más largo y que tomó por sorpresa al giro que pretendió dar el español.

En Moscú 1980, Estados Unidos y otros 65 países aliados decidieron no asistir en respuesta a la invasión de la Unión Soviética a Afganistán de ese año. Cuatro años más tarde, la URSS y 13 aliados no participaron en Los Ángeles 1984 como respuesta al “gesto” de cuatro años atrás.

En Seúl 1988, Corea del Norte desistió de participar dos semanas antes de la inauguración por el conflicto con su vecino. Se les unieron Albania, Cuba y Etiopía.

Aquella fue la última vez que un país canceló su participación olímpica, al menos en los Juegos de Verano, hasta que de nueva cuenta Corea del Norte lo hizo para Tokyo 2020, aunque por otros motivos no relacionados con la política. Habrá que ver si más países se suman a esta preocupación y toman el mismo camino.

El periodo de bonanza y paz de los años 90 e inicios del siglo XX se vio interrumpido por un atentado terrorista en Atlanta 1996, cuando dos personas murieron y 111 resultaron heridas en el Parque del Centenario.

El olimpismo empezó a vislumbrar una falta de interés en ser sede de los Juegos al grado que para los Juegos de 2024 cuatro ciudades candidatas renunciaron por diferentes motivos, como falta de apoyo de la población o presupuestales. El COI optó por dar la sede de 2024 y 2028 el mismo día a París y Los Ángeles, las que quedaban como opciones, antes de tener una elección –para 2028– con una o ninguna postulante.

Pero la crisis del covid-19 ha sido, con toda certeza, la más demandante desde la Segunda Guerra Mundial. La postergación, que nunca había ocurrido en la Era Moderna, ha caído en medio de una pandemia que no termina por ceder. La cancelación, en medio de todos los compromisos comerciales, con la sede y los deportistas, fue la última de las opciones posibles.

Por primera vez, al menos de manera oficial, no se permitirá la entrada de aficionados provenientes del extranjero en unos Juegos Olímpicos. Está por verse el balance financiero del evento en medio de estas condiciones.

Si llegaste a leer hasta acá, querido fan del olimpismo, entenderás que no siempre ha sido la fiesta a la que hemos estado acostumbrados. Así como con los atletas, que deben librar múltiples obstáculos hasta cumplir su sueño, los Juegos Olímpicos también han tenido que tomar problemas, malas decisiones y hasta fracasos para ser la inspiración de millones de personas.

Y eso es lo que hay que celebrar.