Joe Montana, el infravalorado ídolo de los San Francisco 49ers

El quarterback ganador de 4 Super Bowls no recibe en ocasiones todo el crédito que merece.

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Cuando Joe Montana llegó a la NFL, como la selección global 82 en la tercera ronda del Draft de 1979, procedente de la Universidad de Notre Dame, tomado por los San Francisco 49ers, este equipo se hallaba en el limbo, francamente etiquetado como perdedor.

No fue sino hasta el arribo de Montana que las cosas empezaron a cambiar en los confines del Candlestick Park, la vieja casa de los 49ers que compartían con los San Francisco Giants hasta 2013, cuando el equipo se cambió a un nuevo recinto, el Levi's Stadium.

En 1981 los 49ers llegaron por primera vez a disputar un campeonato de la NFL al llegar al Super Bowl XVI, el cual ganaron por 26-21 a los Cincinnati Bengals, bajo el mando del head coach Bill Walsh y en el que Montana terminó siendo el Jugador Más Valioso del partido.

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A partir de ese momento podemos hablar de un punto de inflexión en la historia de los 49ers, un equipo que hasta ante de contar con ‘Joe Cool’. Tres años después, en el Super Bowl XIX, la leyenda del quarterback iba haciéndose más grande, al poner en el mapa de la competitividad y el respeto de la NFL a sus ‘gambusinos’. San Francisco derrotó 38-16 a los Miami Dolphins y Montana volvió a ser el MVP del gran juego.

El futbol americano es un deporte de conjunto y para alcanzar la meta colectiva todas las partes tienen que tirar en una misma dirección y sin algunos de los compañeros con los que contó Montana, el éxito no habría podido llegar. Para la consecución de las dos primeras coronas, sus mejores socios ofensivos fueron sin duda Dwight Clark, como su blanco predilecto en campo abierto como receptor, y el corredor Wendell Tyler, quienes le quitaban presión de encima al ‘Comeback Kid’.

Pero el listado de logros de Montana no quedaría allí. San Francisco disputó el Super Bowl XXIII ante los Bengals en la prueba más dura que haya enfrentado Montana en la disputa de un título de la NFL. Los 49ers ganaron esa vez 20-16 gracias a un drive de larga duración encabezado por el ‘16’ y que culminó en el end zone con un envío de 10 yardas a John Taylor, dejando 34 segundo en el reloj y consumando el tercer título de la franquicia.

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Un año más tarde, en el SB XXIV Montana capturó su tercer nombramiento como MVP del gran juego, y su cuarto título de la NFL en la paliza histórica que le propinaron los 49ers a los Denver Broncos por 55-10 y con cinco pases de touchdown del quarterback de San Francisco, dos de ellas a Jerry Rice y otro par al fullback Tom Rathman, dos de sus grandes socios ofensivos en los dos últimos títulos, al lado de John Taylor.

Joe Montana. FOTO: AP
Joe Montana. FOTO: AP

En ese momento Montana estableció un paradigma al convertirse en un quarterback ganador de cuatro Super Bowls, junto con Terry Bradshaw de los Pittsburgh Steelers en la década de los 70, aunque muchos no le dan el crédito que merece a pesar de ese logro, de no perder un solo juego grande.

Algunos atribuyen al hecho de que en la década de los 80 los equipos de la Conferencia Americana no eran lo suficientemente competitivos como para pelearle a los de la NFC, y que, en cambio, esos 49ers eran un equipo armado hasta los dientes, con una sólida ofensiva, una defensa respetable y un coach de primera línea, como Bill Walsh y luego George Seifert.

El perfil bajo, reservado, discreto de Montana pudo haber abonado a ese respecto, aunque la frialdad de los números despoja toda controversia. Y esa condición de modestia no impidió que en el año 2000 engrosara las filas del Salón de la Fama de Futbol Profesional, en Canton, Ohio, inmortalizando su efigie como indispensable integrante de la NFL.

Montana fue campeón nacional con la Universidad de Notre Dame en 1977, elegido ocho veces al Pro Bowl, dos veces MVP de la Liga, en 1986 el regreso del año, parte del equipo ideal de la década de 1980, elegido al mejor equipo de la NFL en su 75 aniversario y los San Francisco 49ers decidieron retirar el número que portó a lo largo de su carrera en California, el legendario 16.

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Aaron Jones, corredor de Green Bay, corrió para 107 yardas en 19 intentos.

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