Raúl Méndez | ¿Cómo y para qué llegar al Mundial?

No percibo un optimismo desbordante en esta selección que enfrenta retos únicos.
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De aquí al Mundial de Qatar 2022 queda todavía un buen camino por recorrer para la Selección Mexicana que dirige Gerardo Martino aunque persisten dudas razonables sobre si se podrá llegar al quinto partido.

No coincido que el crecimiento del futbol nacional, a nivel de selecciones, se refleje solamente cuando se alcancen los cuartos de final de un mundial para ubicarse entre los ocho mejores.

Formar parte de la élite no llega como consecuencia de una participación histórica y excepcional sino de un trabajo consistente a lo largo de años, décadas, que puede medirse en un proyecto global que incluya el nivel de la liga local, la calidad de los jugadores para ser exportados a las principales competiciones de clubes en el mundo y que, en su conjunto, pongan ese talento al servicio del equipo nacional capaz de competir contra las potencias que siempre llegan a las últimas instancias.

México ha demostrado regularidad como lo demuestra el hecho de llegar hasta los octavos de final del mundial desde 1994.

¿Estar entre los dieciséis mejores nos hace mediocres por no llegar más lejos o es el lugar que nos corresponde aunque cueste reconocerlo?

¿Qué nos hace pensar que en Catar se dará el paso al añorado quinto partido?

No percibo un optimismo desbordante en esta selección que enfrenta retos únicos como el hecho que la UEFA cierre sus fronteras con el resto de las confederaciones para la celebración de partidos amistosos. Con la invención de la Liga de Naciones se redujeron las fechas disponibles para medirse con los representativos más potentes.

Ni siquiera puede examinarse con todas las selecciones de América de manera regular porque existen dos confederaciones. Elegimos el camino más cómodo para llegar a los mundiales y sacrificamos la competencia con los vecinos del sur que nos obligaría a ser mejores permanentemente para clasificar.

Se vuelve redundante jugar siempre por obligación contra los mismos equipos durante el periodo que antecede el mundial.

Si llevamos el juicio a la valoración de la liga local no hay la confianza plena en el jugador nacional desplazado por los no formados en México. Por mucho que se destaquen los triunfos de las selecciones menores se abre una brecha cuando esos talentos no pueden dar el salto a la primera división porque no se tiene la misma paciencia que con el extranjero. La justificación es que con los foráneos hay mayor espectáculo pero estarán de acuerdo que últimamente cuesta encontrar buenos partidos.

Traslademos el balance hacia los jugadores. Los mejores no están aquí sino en Europa. Su nivel los ha llevado a las principales ligas aunque son pocos los que pertenecen a los clubes más renombrados. Ahora el siguiente factor a considerar es el papel que desempeñan en sus equipos, si son titulares influyentes o tienen minutos ocasionales de juego.

Para cualquier futbolista es vital mantenerse en ritmo de juego pero entrenar con jugadores internacionales puede ser más aleccionador que jugar en una competición menor. Por eso los que están en el Viejo Continente siguen siendo la base pese a la veteranía de algunos. Estar en Europa debe ser valorado en su justa dimensión pero, al mismo tiempo, les obliga a ratificarlo cada vez que se ponen la playera nacional.

Valoremos el trabajo de Martino, quien como todos sus colegas ha sorteado los efectos de la pandemia, especialmente durante el 2020 cuando sólo pudieron disputar dos partidos.

A la fecha poco ha cambiado desde que se acabó la era de Juan Carlos Osorio en el sentido que no presenta mayores novedades entre los jugadores base. Del once habitual los únicos cambios se dan en la lateral derecha donde no hay un titular reconocible y en la defensa central tampoco una dupla consolidada.

En el resto no faltan Ochoa, Gallardo, Álvarez, Guardado, Herrera, Lozano, Corona y Jiménez, en un papel estelar sin Chicharito.

Algo ha pasado para que en más de tres años no haya surgido un jugador prometedor que reclame un lugar protagónico.

En lo táctico tal vez lo limitado de la baraja haya provocado que México sea predecible con pocas variantes y el ritmo de juego suele ser pausado con posesiones muy largas pese a tener jugadores explosivos en el espacio largo como Lozano, Corona, Jiménez o Vega.

La tendencia global en el futbol apuesta por un estilo más físico en la presión y las transiciones. Ahí México sufrió cuando enfrentó a Argentina o recientemente a Estados Unidos y Canadá.

Esperemos que en estos meses haya avances notables en estos factores que nos permitan imaginar un mejor futuro en Catar y así México reclame el lugar que le corresponde.