Raúl Méndez | A trece meses de Qatar 2022

En una eliminatoria mundialista la máxima es calificar como sea, las formas pasan a un segundo plano.
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En una eliminatoria mundialista la máxima es calificar como sea. Aquí las formas pasan a un segundo plano.

Eso de ganar, gustar y golear como exigencia, especialmente para México en Concacaf, se da muy pocas veces en cualquier parte del mundo. Son más frecuentes los triunfos de las potencias sobre los débiles por un escaso margen que las goleadas de escándalo.

Aquí tiene sentido la famosa media inglesa de ganar en casa y empatar fuera porque lo valen son los puntos.

Para las selecciones que remotamente calificarán a Catar en realidad están viviendo su Mundial en plena eliminatoria. Es lo más lejos que podrán llegar entonces se brindan hasta donde les permitan sus limitaciones.

Es una lógica cruel para los entrenadores que están sometidos a una enorme presión adaptándose a las circunstancias actuales.

No es tampoco el lugar para exigir el manejo de un once base y reconocible cuando la tendencia universal es la rotación casi necesaria cuando se tienen que disputar hasta tres partidos en un calendario saturado. Se buscará mantener una columna que defienda el estilo de juego, eso sí.

Ante el poco tiempo de preparación entre los juegos, el rol de entrenador se convierte más en el de un seleccionador que habrá de gestionar las alineaciones tomando en cuenta la exigencia del rival y el estado físico de sus jugadores.

Queda la sensación que se ha abaratado estar en una selección nacional porque en la actualidad ha aumentado el número de convocados debido a la pandemia.

Salvo en representativos como Francia, Portugal o Brasil donde sus entrenadores nacionales disponen de una baraja muy amplia de jugadores a elegir, si en la mayoría de los casos cuesta reunir a los veintitrés que habitualmente conforman la convocatoria ahora imagínense tener que llamar al menos a veinticinco. ¿En verdad todos tendrán el nivel?

Con lo apretado del calendario se vuelve a cuestionar el papel tanto de los clubes como de las federaciones nacionales. Miguel Ángel Gil, consejero delegado del Atlético de Madrid, propuso que las federaciones se hagan cargo del sueldo de los jugadores mientras estén concentrados con sus selecciones. Una nueva batalla entre los equipos y los entes reguladores del juego.

Muy válida la demanda y más cuando con la triple fecha los más afectados son los clubes europeos que no podrán utilizar en el juego inmediato a sus seleccionados americanos porque no tendrán el descanso suficiente después de un viaje tan largo y prolongado.

Por todo esto se confrontan el ejercicio casi lúdico de jugar con el orgullo de representar a un país y la exigencia de cumplir con el club que paga el sueldo.

En resumen, veremos poco espectáculo.