Toño de Valdés | Triunfo Bravo

Hace un par de años se les conocía como los Baby Braves y en el 2021 se concretó el gran trabajo de la directiva.
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Hace un par de años se les conocía como los Baby Braves, un equipo joven con mucho talento encabezado por Ronald Acuña Jr y que estaba en camino de lograr cosas importantes en el mejor beisbol del mundo.

En el 2021 se concretó el gran trabajo de la directiva, la labor de Brian Snitker y todo su grupo de coaches incluido el mexicano Bobby Magallanes, además de la consolidación de figuras como Ozzie Albies, Austin Riley, Dansby Swanson, Max Fried e Ian Anderson que fueron puntales cuando los problemas empezaron a aparecer en la organización.

Perder por segundo año consecutivo a uno de sus lanzadores estelares, Mike Soroka, fue el primer golpe recibido por los Bravos. Luego se sumó que su jardinero estelar Marcell Ozuna quedó relegado por problemas personales y el gran golpe la lesión en la rodilla de la joya del equipo Ronald Acuña que lo alejó toda la campaña.

A las ausencias hay que sumarle que el equipo estaba batallando con la consistencia en la primera parte del calendario y de hecho al llegar al Juego de Estrellas tenía record perdedor.

Con todo ese panorama complicado, la oficina tomó muy buenas decisiones al conseguir de entrada a Joc Pederson que estaba con los Cachorros para empezar a tapar las ausencias en los jardines.

Luego la adición del cubano Jorge Soler que andaba en Kansas City y que terminó siendo el MVP de la Serie Mundial. Recuperaron a Adam Duvall, que fue parte del club hasta el año pasado y que inició el 2021 en Miami.

Y finalmente el boricua Eddie Rosario que tuvo una breve estancia con los Indios y que fue una bujía para los Bravos, sobre todo en la Serie de Campeonato ante los Dodgers.

Cada uno de los peloteros que llegaron como refuerzos cumplieron por encima de las expectativas. En este año del campeonato no podemos dejar de mencionar a tres elementos que son la base de experiencia del club: Freddie Freeman, el rostro de la franquicia y que a los 31 años por fin ve coronado su esfuerzo y liderazgo en Atlanta, Travis d’Arnaud que se convirtió en el cerebro detrás de home que necesitaba el manager Snitker, y el pitcher Charlie Morton que lamentablemente salió con una fractura en el Clásico, pero que fue un baluarte para los Bravos aportando experiencia y solidez en una joven rotación de pitcheo.

26 años después de aquel campeonato con Glavine, Maddux, Smoltz y compañía llegó la cuarta corona para una franquicia que tiene 150 años de historia.