Geo González | ¡Rodar y rodar!

La colorida vuelta a Cozumel entre gritos, licras, brazaletes y el aguerrido mundo del ciclismo.

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El ciclismo es un nicho sólido, popular, solidario, comercial, competitivo y recreativo, un mundo intenso, extremo, atrapante y muy provechoso. Los ciclistas son unidos, manejan códigos solidarios de competencia, pero también de precaución y seguridad. Se cuidan, se arriesgan, se aferran, se atascan, se celebran.

Rodar en pelotón te hace la vida más ligera, te reduce el esfuerzo, pero también aumenta el riesgo, no debes hacer cosas sorpresivas, frenar de pronto, cerrarte o rebasar sin avisar de qué lado lo harás. "¡Izquierda!", gritas y por ahí te lanzas y si te gritan "¡izquierda!" por ahí dejas libre.

¿El reto? Rodar 80 kilómetros, una vuelta a Cozumel.

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Llegar a la Isla de las Golondrinas, bautizada así por los Mayas, tiene más paradas que el metro de Taxqueña a Pantitlán.

Mientras mi bici iba por tierra, yo volaba a Cancún y de ahí a un camión y de ahí a Playa del Carmen y de ahí al ferry y de ahí a Cozumel, es decir, un “cielo, mar y tierra” que le llaman.

Cozumel es un gran lugar para debutar, es plano, cálido, panorámico. Llegas, preguntas, caminas, dudas, vuelves a preguntar, sigues caminando, vuelves a dudar si vas 'pal' lado correcto y cuando vas a pedir un taxi, ya llegaste.

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Busca tu número, firma la responsiva, pasa por tu pack, tu kit, tu jersey. De ahí vas y haces la compra de pánico, que si para la energía cómprate este gel, que si electrolítos en pastilla, se los echas y ya, bueno, ¿no hasta wafles tamaño chalupitas venden? Claro a precio de tampiqueña.

La verdad ser ciclista no es para nada glamoroso, llevas unas likras que crees que te favorecen pero no, por que en las nalgas traes unos cojinetes que pareciera pañal, el jersey, debe ir ajustado, a los atletas de carnosidades distintas nos hace ver como salchichón de pavo. El casco, que en la mayoría de los deportes extremos te da cierto poder y glamour, aca es como la cascara de nuez gigante pegada a un coco.

Claro que la variedad de colores le da su distinción, pero debe llevarlo sujeto y el cachete y la papada ya van jugando una mala pasada a la estética.

¡Guantes! Por que las manos duelen y lentes, ahí la cosa cambia y el look mejora chorros. En realidad sí hay quienes lucen espectaculares.

La cita es a las 6 am, encontrar tu bici, revisarla, aire, el asiento, que debe considerarse como venganza maya o algo asi por ir a invadirles la isla, llenar las ánforas, meterlas, tener a la mano en todas las bosas del jersey, tus geles, barritas, platanos y mis wafles chalupitas”. De haber llevado algodones de azucar hubiera parecido carrito de feria.

6:30 am quiero ir al baño, solo diré que es como ir a uno de gasolinera de Escárcega en verano.

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6:45 el nervio me obliga a repetir el viacrucis.

7:00 buscas tu corral, los primeros son los elite, los pros, los de mejor tiempo en sus categorias y luego por grupos de edad. Nos tocó el corral naranja a casi 1km de la meta casi casi categoría 'sargazo'

Eramos miles en una sucursal del metro a hora pico con bicicleta. "¡No te enclipes!", decían unos.

Pégate a la derecha, no voltees, quédate en tu carril, aguas con los que se van cayendo, si ponchas no te desanimes. ¡Ah! el Rey del Viento agarra un pelotón porque pega fuerte. Abusada con el adoquín es donde más te caes, yo veía un suelo tatuado por golondrinas, que hacía vibrar la bici.

7:30 am Se oyeron gritos, silbatazos, porras, música. Salida en falso pensé yo, porque nosotros ni nos movíamos. Diez minutos despues, el corral naranja estaba en movimiento. La adrenalina, el nervio por lo anhelado y el miedo a lo desconocido, el amanecer esperando, salir, avanzar sin caerte, ni tirar a nadie, batallar para encliparte más de 3km (creo que nuevo antirecord) ser rebasada por muchos y luego rebasar al primero y al segundo y a otro y otra, buscar un pelotón que nunca enganchas, tomar agua, meter la maldita ánfora en la rendija sin caerte, ni irte chueca, obedecer cuando te gritan "¡Izquierdaaaaa!".

Agrandarte cuando gritas tu primer "¡Izquierdaaaa!" Tres ponchados, una caída de ambulancia. Ya se me acabó el platano, tirar la cáscara ni en caricaturas, ves tu dispositivo y te das cuenta que con el nervio algo hiciste mal y no te marca la cadencia, ni las revoluciones.

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La carrera fluye, te aproximas al REY DEL VIENTO y a darte cuenta que rodar junto a la playa del Caribe te hace sentir golondrina y creer que ese airoso tramo de 20 km te hace lo que “el viento a Juárez”.

Te encarreras rebasando a todas las que ves con brazalete naranja para después pagar factura faltando 10 km y sentir que el sistema va a colapsar porque te atascaste emulando a Belem Guerrero y ahora vas a la velocidad de quienes reparten pan o peor aun chalupitas.

Parada en el último abastecimiento, de algo sirve dedicarse a hablar de deportes, masaje con hielo las piernas y cuello y luego al estilo de los de caminata, bolsitas de hielo en las licras. ¿Estrategia? No arriesgamos, la cosa es terminar.

Y en eso, la 'gringa' que tardaste años en rebasar te alcanza diciendo "three more kilometers honey" (WAF).

Y sin saberlo, te da el motivo: "Ah no, en mi país no, ¡en mi Cozumel querido de toda la vida no!" Y aceleras, la emparejas, le sacas 10 metros revives, ¡meta a la vista! y en eso, escuchas el sonido de un enjambre, es el pelotón puntero de 160 km, los pros, los ganadores, te envuelven por derecha, izquierda, cual cardúmen a Nemo, ni te enteras, pero te aferras al manublio, dura un segundo, un shot de adrenalina, te emocionas y ¡llegas a la meta! donde una batucada te arma el carnaval, la gente no te conoce, pero igual celebra la llegada de miles de golondrinas verdes, que en esa mañana de noviembre salimos a darle vueltas a la isla.