Ricardo Salazar | 70 años sin castigo y ahora cinco en 10

Ni el Atlas ni la Liga MX hicieron algo por contener el grito prohibido en su estadio.

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El Atlas fue el cuarto equipo del interior de la República Mexicana en entrar en acción en la historia del Campeonato de Liga el 17 de octubre de 1943, antes, lo habían hecho una selección de Jalisco, el Moctezuma de Orizaba y la Asociación Deportiva de la misma ciudad (A.D.O.).

Desde esa fecha y hasta el fin de la primera década del siglo XXI, se registraron 65 Vetos de Plaza en 23 estadios por diversos motivos: disturbios dentro y fuera del estadio, lanzamiento de objetos, invasión de campo o agresiones arbitrales, entre otras.

Para entonces, el equipo rojinegro presumía nunca ser sancionado por la Comisión Disciplinaria, pero a partir del Torneo Apertura 2010 dio un vuelco de 180 grados convirtiéndose en el club más castigado desde entonces. De los últimos 10 Vetos, cinco son para el Estadio Jalisco , sede local del Atlas.

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Parte frustración de no ganar la liga desde 1951, perder más partidos de los ganados, ser la burla de todos, sobre todo, afición del Guadalajara que a cuenta gotas suma títulos, uno cada 20 torneos, pero abre las vitrinas de la sala de trofeos cada diez años, entre otras causas, ha llevado al club y a su público a perder la cordura y caer en indisciplinas.

El primer Veto de Plaza lo sufrió en el Apertura 2010, por incidentes violentos entre la policía y los propios aficionados rojinegros, durante un encuentro contra Tigres. En el clásico tapatío del Clausura 2014, se presenta un enfrentamiento entre la barra del Guadalajara y la misma fuerza pública.

En el Apertura 2014, otra agresión, ahora a las personas que acompañaron al Monterrey, dentro y fuera del estadio. El cuarto sucede en el Clausura 2015 y de nueva cuenta contra las Chivas, entonces, muchos aficionados rojinegros invaden el campo en pleno partido.

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No hay quinto malo, pero ahora no es por actos violentos, más bien, manifestaciones consideradas homofóbicas, el ya tradicional “eeeeehhhhhhh”, contra el portero visitante, Nicolás Vikonis, del Puebla.

La expresión, cántico o grito, nació en el primer lustro del siglo XXI en el mismo estadio con el mismo club, pero ni el Atlas ni la Liga MX hicieron algo por contenerlo, creció, se exportó y ahora se trata de evitar por miedo, sí, por temor a sanciones, como debe ser, más severas a nivel de selecciones.

La iniciativa de redactar un protocolo no nació entre dirigentes mexicanos, la indicación viene directamente de la FIFA, por más que Guillermo Cantú, en su momento, habló con los jerarcas del organismo en Zúrich, no los convenció de que era un grito muy tradicional en nuestro país, es hasta ahora que empezamos a ver consecuencias.

La culpa, más que de los dirigentes de la Femexfut, es propia responsabilidad de los clubes. Con el afán de no perder taquillas, jugadores y técnicos, han presionado a las diversas Comisiones para evitar reportes en la cédula, en consecuencia, castigos. La propia Federación Internacional de Futbol (FIFA), Unión Europea de Futbol (UEFA) y hasta las Ligas Mayores de Beisbol (MLB) han dado muestra de cómo se sanciona con severidad y sin consentimientos, pero los miembros de la Liga MX siempre han considerado no actuar con dolo en casos de violencia, dopaje o racismo.

El futbol no tiene la encomienda de educar al público, pero sí puede implementar operativos para prohibir, controlar y erradicar lo prohibido.