Mohamed redime a directiva y afición de Rayados... y a sí mismo

Antonio Mohamed hizo valer la inversión de Rayados en esta década para ser campeones.

RICARDO OTERO
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Hace tres meses menos un día, cuando Monterrey cesó a Diego Alonso, nadie pudo imaginar que esta sería la temporada para romper una sequía de nueve años sin un torneo de Liga MX.

Es cierto, nueve años son poca cosa cuando se piensa en otros equipos con mucha menos suerte en la historia reciente del futbol mexicano como Cruz Azul, Puebla o Atlas, pero esta crisis, si así se puede llamar, crecía al ver los estados financieros de Rayados.

De acuerdo con una estimación del sito web especializado Transfermarkt, Monterrey ha gastado 120 millones de dólares en fichajes desde el ciclo 2010-2011, en el que obtuvieron su último título de Liga, el de aquel torneo Apertura, a costa de Santos.

En ese lapso, Monterrey encontró como consuelo obtener cuatro Ligas de Campeones de Concacaf y sus subsecuentes clasificaciones al Mundial de Clubes, en el que lograron dos terceros lugares, pero dejaron pendiente el avance a la Final que nunca se ha logrado para un equipo de Norte y Centroamérica y el Caribe.

Pero así como conquistaron la región, el trofeo de la Liga local era un asunto pendiente, con tres derrotas en Finales y la constante presión de su afición mientras Tigres la conquistaba cinco veces.

Mohamed ha ganado la Liga MX con tres equipos diferentes.
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Diego Alonso dejó a Monterrey en el lugar 12 con 16 puntos, después de, también, una docena de encuentros en el Apertura 2019. Mohamed tuvo solo seis partidos de Liga para enderezar el barco y meterlos a la Liguilla, justo en el octavo lugar, y de ahí tener que ganar siempre de visita y, además, con un viaje en medio a Qatar para ir al Mundial de Clubes.

Y es que sobre el 'Turco' también cayó parte de la responsabilidad del "dispendio" rayado en esta década. En su primera etapa como entrenador de Monterrey, de 2015 a 2018 y tras hacer campeón al América en el Apertura 2014, perdió la Final del Clausura 2016, la del estreno del Estadio BBVA, ante Pachuca, con un gol en tiempo de compensación.

Su verdugo, en el otro banquillo, fue Diego Alonso.

El estratega argentino tomó la segunda oportunidad y redimió no solo a su club, a su directiva y a su afición, sino también a sí mismo.