Geo González | El Mirreynato Sagrado

Quienes llegan al Guadalajara heredan jerarquía, fama, tradición y carisma por la que ninguno ha trabajado.

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No es nuevo que el Guadalajara varonil este inmerso en indisciplinas, en baja de juego, en malos resultados, pésimos torneos o liguillas fallidas. No es nuevo que se recurra a la rotación de técnicos como remedio.

Lo medianamente novedoso pudiera ser la manera de exhibirlo, pero eso va muy de la mano de los tiempos, con el inicio del siglo una figura resaltó en la sociedad mexicana, el Mirrey. Ricardo Rafael en su libro El Mirreynato explica de manera amplia y detallada su origen, su comportamiento, su perfil, su ADN social.

Más tarde lo hemos visto plasmado en una especie de sátira en películas como Nosotros los Nobles o el muy conocido Chava Iglesias de Club de Cuervos.

Un estudio de De La Riva brinda un aporte demográfico que ubica en que zonas viven, conviven, se divierten, estudian o viajan. En fin, el punto es que esa figura ha existido desde el Virreinato, el Porfiriato, hasta el inicio de este siglo. ¿Y eso qué “corners” tiene que ver con el futbol, con Chivas?

El comportamiento de algunos, por no decir varios, jugadores del Rebaño Sagrado no hace más que recordarme a los Mirreyes debido a sus desilusionantes similitudes.

El Mirrey siente que pertenece a una élite privilegiada, esa que desprecia la cultura del esfuerzo. El Mirrey hereda jerarquía sin haber sido parte, ni importarle cómo se consiguió. Mientras se tenga se ostenta. Es exhibicionista, no sabe pasar desapercibido, suelen usar cualquier objeto a su alcance para presumir su estilo de diversión constante, presume marcas, aunque no siempre clase. El punto más importante para su proliferación y sobrevivencia es que no hay consecuencias o no son graves.

Quienes llegan al Guadalajara heredan una jerarquía, una fama, una historia de éxito, tradición y carisma, por la que ninguno ha trabajado. El club te contrata para que ayudes a mantenerla y acrecentarla, premia tu talento, tu potencial y a cambio pone el reflector soñado, además de que en la mayoría de los casos paga buen dinero por ello. Hasta ahí se entiende.

Sin embargo, los resultados no llegan, las liguillas se esfuman, las lesiones abundan, la irregularidad es la constante, los goles no caen, los puntos son pocos y los escándalos muchos. Quitando el título del 2017 el Rebaño ha despilfarrado mayormente la herencia, en lugar de acrecentarla en los últimos 15 años.

Las redes sociales no han venido más que a comprobar la sospecha, les gana la fiesta, exhibirse, ostentarse en un estilo sin la debida clase del gremio al que pertenecen, el gremio deportivo, el del alto rendimiento, el de los valores del deporte. No, la culpa no es de la invitada sorpresa que subió un video o el mesero que lo vendió o el mal amigo traicionero o medio “peduki” que lo subió a Instagram.

La culpa de que nos multen por exceso de velocidad no es de la cámara en la calle, es de quien iba a exceso de velocidad, la culpa no es del que espía el WhatsApp sino de quien pone el cuerno. Lo grave no es grabarse siendo corrupto o indisciplinado, lo grave es serlo.

Para no compararlos con los ganadores de Champions League y Balón de Oro hagámoslo con atletas de alto rendimiento mexicanos. Revisando la cuenta de Instagram de un clavadista olímpico, medallista mundial, encontramos el reflejo de su disciplina, en el físico, en la alimentación. Eso es lo que ostenta el atleta para conseguir su meta, reforzar su imagen, su carrera, su marca.

Los indisciplinados del Rebaño son conocidos, recurrentes y bien pagados, les encanta ostentarlo, presumirlo con recursos y sin clase. Ahí yo veo un síntoma.

Desprecian la cultura del esfuerzo, desinterés por la jerarquía del club, son parte de la “élite del futbol mexicano”, del equipo más popular sin haber contribuido a esa historia y la despilfarran. Otro síntoma.

El castigo o no llega o no es grave, todos han sido recurrentes, si los multan económicamente, si los mandan a categorías menores, si los ponen en la banca, no importa si se enojaba Jorge Vergara, Amaury, Higuera, el Flaco, el Vuce o Peláez, no cambian. Tercer síntoma.

En pocas palabras, lo que le pasa a Chivas no es asintomático es claro y puede ser crónico,

Chivas padece un “Mirreynato Sagrado”... ¡Obvi güey!