Andrés Vaca | El futbol dio dos motivos para llorar

Los federativos deben marcar un antes y un después en una liga profusamente lastimada.

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Una de las cosas que más me gustan del fútbol son las emociones que generan: la cara de los aficionados al ver a su equipo ganar, la satisfacción que se ve en el rostro de un niño cuando toma de la mano a su ídolo y sale a la cancha en el protocolo del partido y la forma en la que se canta, brinca y baila desde la tribuna cuando se consigue un resultado favorable.

Eso y mucho más son las cosas por las que he dicho “el fútbol es el deporte más increíble del mundo”.

De hecho, el domingo por la mañana vi el video de un niño que llora de felicidad cuando un jugador de su equipo le regala la playera que acababa de usar en el partido. El niño llora desconsoladamente en el video y se funde en un abrazo con su padre en un gesto de agradecimiento, cariño y euforia.

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Curiosamente, ese mismo día me tocó ver una imagen similar, pero en un contexto distinto. La imagen era de nuestro país, de nuestro fútbol: aficionados agarrándose a golpes en la tribuna, haciéndole daño a un fan del equipo rival entre diez y después la imagen que todos vimos: un niño del San Luis llorando por ver semejantes atrocidades.

Que platillos tan distintos te puede otorgar este deporte. En algún lugar del mundo un niño llora sin preocupaciones de que le agredan mientras suma una playera a su colección favorita, mientras que otro está en el terreno de juego por la evacuación de la tribuna ante un riesgo potencial de exponer su vida.

Es momento que la liga ponga un alto, no podemos seguir viendo esas imágenes. Es la oportunidad para que den un golpe sobre la mesa y cambie el rumbo de una liga que, evidentemente, está en picada.

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* Fan ID’s: tener registro personal de todas las personas que entren a un estadio.

* Prohibir la venta de alcohol: aunque representa uno de los ingresos más importantes, la vida de la persona vale más que cualquier cosa.

* Prohibición de barras de “animación”: de animación tienen poco, la mayoría se concentra en la intimidación y agresión física o verbal del rival. Deberían de prohibirlas o tener un verdadero plan de contingencia en eventos deportivos.

Y como esas existirán mil ideas más para terminar con lo que vivimos el domingo. Ahora está en las manos de los federativos el marcar un antes y un después en una liga que está profusamente lastimada.