América tiene todo... menos un ídolo, ¿está en camino?

Las Águilas coronaron con goleada en el Clásico una semana donde se cuestionó su identidad, ¿qué falta?
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¡Tributo a Cuauhtémoc Blanco! Los festejos del América en el Clásico
Por: Fernando Vázquez
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No se puede vivir sin héroes, santos ni mártires.

Ernesto Sabato


Una tienda oficial de la marca que viste al Club América tenía hasta hace poco tiempo una isla permanente con uniformes y artículos azulcremas en Hamburgo, la segunda ciudad más populosa de Alemania, el único equipo del continente que tenía su espacio ahí, quizás la única institución en México que puede presumir tener cierto alcance a nivel internacional.

El decir que América es el club más grande del país es, desde hace muy buen rato, un lugar común; con permiso del antiamericanismo que, incluso un sector del mismo, baja los brazos y exhala en aprobación a esta premisa: los de Coapa ganan en historia, palmarés, afición, se podría decir que lo tienen todo, una utopía que, en realidad, está algo distante de ser verdad.

Las Águilas culminaron con una humillación a su acérrimo rival en el Clásico Nacional lo que fue una semana en la que se cuestionó una crisis de identidad en la escuadra azulcrema. Los de Solari respondieron con goles a los dichos de Briseño, aunque también contestaron de una forma muy singular en los tres festejos que se vieron el domingo en el Estadio Akron.

Sebastián Córdova y Henry Martín, responsables de los tantos en Zapopan, lanzaron celebraciones que hicieron recordar a ídolos del futbol mundial como Lionel Messi o a una figura histórica de América como lo es Cuauhtémoc Blanco. Sí, América ganó, gustó y goleó el partido justo en el que se tenía que hacer, ante Chivas, pero surgió una incógnita en el aire: ¿no hace falta alguien ya en Coapa que cumpla con la etiqueta de ídolo? ¿Que sea el incondicional de la afición, cargue con títulos y, desde luego, también aporte un festejo para la posteridad?

-¿Briseño tenía razón? No del todo

Martín anotó un doblete y 'revivió' a Cuauhtémoc Blanco en el Clásico con dos de sus característicos festejos. Para muchos, el 'Cuauh' es el último gran ídolo del conjunto azulcrema, y eso que después de él, desfilaron nombres como Salvador Cabañas o Christian Benítez (QEPD). La unanimidad dice que el también exseleccionado mexicano fue el último jugador que per sé movía masas, a la par de otras figuras de la institución como Carlos Reinoso, Héctor Miguel Zelada o Alfredo Tena.

Títulos, arraigo y carisma son cualidades que tenían los ejemplos mencionados arriba: la santísima trinidad de un jugador en un club grande, o la receta más fácil para convertirse en un ídolo, según se quiera ver. La historia americanista está nutrida no solamente de la cantidad de aficionados que recuerdan a Rafael Garza Gutiérrez o del número de trofeos que están en las orgullosas vitrinas de la institución, también de jugadores que marcan época, aquellos que con solo nombrarlos traen a la mente al menos uno o dos momentos legendarios, como si se tratara de un sabor perdido en la infancia y que sale a la luz con volver a probarlo.

Antonio Briseño levantó el dedo índice y se metió con la identidad en América y la respuesta fue una goleada: el ADN azulcrema estriba en ganar Clásicos y trofeos y eso está cumplido al menos de momento, pero la otra parte está en la necesidad de tener ídolos. El 'Pollo' quizás pensó eso aunque no profundizó su sentir... o probablemente fue un tiro al aire para calentar el partido, lo cierto es que falta esa esencia, esa última pieza en la existencia actual del conjunto capitalino.

¿Llegará alguien a suceder a Cuauhtémoc Blanco? La plantilla actual tendría candidatos, pero es un largo camino todavía. Ya sea por posibles salidas hacia otros equipos, edad o carisma insuficiente, el nuevo ídolo en América está en proceso de formación, aunque hay dos palabras mágicas para pensar en que esta historia tendría una buena resolución: círculo virtuoso. Si el América de Solari se acostumbra a ganar títulos, una nueva figura saldrá del resto, un jugador que, a su vez, tenga hambre de más triunfos, un ciclo perfecto y que tiene en Tigres y Gignac como ejemplo máximo en la era más contemporánea.

La prioridad para las Águilas será levantar no uno, ni dos, sino varios trofeos en fila para que la identidad del nuevo ídolo salga a la superficie, quien a su vez cumplirá el círculo virtuoso y guiará hacia nuevos éxitos y después, ¿por qué no? Un nuevo festejo que pase a la posteridad, una celebración propia que la tribuna recuerde por siempre, quizás y su dorsal sea el que más se venda hasta en Hamburgo.

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