Geo González | El Gorrión De Minsk

Mientras el mundo recuerda y venera a Nadia Comaneci, fue otra gimnasta quien revolucionó ese deporte.

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Olga Valentínova Korbut, nacida un 12 de mayo de 1955 en la Unión Soviética, comenzó a entrenar a los ocho años y a los nueve ingresó a la Escuela Deportiva Nacional.

Su inusual columna flexible llamó la atención de Renald Knysh el entrenador nacional, quien la encontraba perezosa, pero con un gran potencial y talento. Y así fue.

La gimnasia en Juegos Olímpicos tuvo un antes y un después.

Mientras en 1968 se debatía entre la elegancia y el ballet de atletas que se acercaban a los 30 años, Olga Korbut de trece años comenzaba a darle otro significado al deporte a través de la acrobacia, la fuerza y la técnica.

Los Juegos Olímpicos de Münich, trágicos para el olimpismo y el mundo, fueron para la gimnasia y para Olga Korbut un parteaguas sin retorno.

La rutina en barras asimétricas de Olga era algo nunca visto, con un salto llamado el Korbut flip, que por lo arriesgado del paso de una barra hacia la otra, fue prohibido años más tarde.

En la viga de equilibrio la rusa daba rienda suelta a su técnica, gracia, acrobacia y flexibilidad.

Aquella rutina perfecta, rematada con mortal hacia atrás, daba a Olga el oro. En piso necesitaba un 9.90 para ganar y lo logró.

Para las barras asimétricas Olga estaba cerca de conseguir el oro, pero cometió tres errores graves en la rutina, perdiendo el oro y el all around individual.

Mientras Olga se derrumbaba en llanto, el mundo la amaba, se tenía la percepción de que los atletas soviéticos no mostraban sus emociones, Olga con ese llanto y con la alegría desbordada al ganar el piso, lucía humana, cercana.

Su llanto y sonrisa eran como la guerra y la paz. Al día siguiente realizó una rutina impecable en las barras, 9.90 dieron los jueces, el público protestó, gritó, chifló, por casi tres minutos exigiendo el diez, nunca lo concedieron.

A partir de entonces, Olga tenía que usar peluca y sombrero para poder moverse incluso en la villa olímpica.

“Un día no eres nadie, al día siguiente eres la persona mas famosa del mundo”, dijo quien a los 17 años aparecía en sellos postales de su país y a quien el correo designó un empleado únicamente para llevarle las miles de cartas que recibía a su casa.

Para Montreal 76' Olga tenía 21 años y una misión: ganarle a Nadia Comaneci, no pudo, nadie pudo, aun así, la URSS ganó el oro por equipos y Olga la plata en la viga de equilibrio.

Al año siguiente, a los veintidós años, siendo muy joven, se retiró de la gimnasia, se casó y tuvo un hijo.

En 1991 emigraron a Estados Unidos temerosos de que la explosión de Chernóbil pudiera afectarlos. Olga se convirtió en entrenadora de gimnasia y del grupo de animación en Scottsdale, Arizona.

El divorcio y la excesiva hipoteca de una casa grande y lujosa fueron complicando la situación económica de Korbut. Lo fue perdiendo todo. Incluso fue acusada de robar 20 dólares en comida en un supermercado. Ella dijo que era un malentendido.

En 2001 Korbut fue cambiando el carisma por el protagonismo, a los 46 años participó en la función de box de las celebridades enfrentando a Darva Conger 10 años más joven y 15 centímetros más alta.

Hubo quien adjudicó la inestabilidad de Korbut al hecho de haber sido tan famosa tan joven y llegar a EE.UU. donde nadie te regala nada. Sin embargo, todo se entiende a partir de que Olga Korbut contó sus memorias revelando que, en su época, varias de las gimnastas soviéticas, ella incluida, fueron esclavas sexuales de los entrenadores, todo bajo la complacencia del estado. “Fueron los peores momentos de mi vida”, escribió.

Epílogo

Se dice que en el 2016, durante la subasta de Heritage, Olga recibió mas de 300 mil dólares por sus medallas olímpicas.

Treinta años después los escándalos por abuso sexual sobre las gimnastas siguen saliendo a la luz.

Mientras el mundo recuerda y venera a Nadia Comaneci, fue otra gimnasta quien revolucionó ese deporte. Aquella que con gracia, acrobacia, fuerza y técnica realizó el primer diez sin recibirlo. Olga Korbut el Gorrión de Minsk.