Raúl Méndez | El virus “FIFA”

La mente más maquiavélica no habría jamás engendrado la idea de ponerle pausa al mundo.

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La mente más maquiavélica no habría jamás engendrado la idea de ponerle pausa al mundo.

Cada año le faltan hojas al calendario para acomodar el rosario de partidos a nivel de clubes y selecciones que la industria del futbol genera. Hoy día las piernas de un futbolista traen un kilometraje de cerca de 60 partidos anuales. Hablamos de cansancio extremo y eso sin considerar los viajes intercontinentales que realizan algunos extranjeros, lo que representa un desgaste que irremediablemente provocará lesiones prolongadas.

Por más ceros que pongan en sus cheques, los jugadores no son máquinas. Los clubes pagan montos exorbitantes a futbolistas que, además, están obligados a cumplir su “compromiso con la patria” cuando son convocados por su selección nacional.

La posibilidad de que el 2020 esté libre de las llamadas Fechas FIFA es muy amplia. Los compromisos con selecciones nacionales son un lastre para los clubes porque suelen llegar en plena saturación de partidos. En la industria del juego, clubes y federaciones nacionales se disputan el pedazo más grande del pastel.

Es en los clubes donde los jugadores desarrollan y enseñan su potencial. Son la vitrina que los conduce a vestir la camiseta de su representativo nacional con los beneficios económicos que eso conlleva.

En los torneos de selecciones los directores técnicos cargan con la presión: tienen tan poco tiempo para trabajar que su tarea casi se limita a la gestión de los jugadores. Son seleccionadores más que entrenadores.

Es por eso que para una selección es imperativo tener jugadores en los clubes de Europa, de preferencia cumpliendo un papel determinante: muchos minutos de juego significan que están en ritmo para la alta competencia.

En el caso de la selección de México el panorama es desconcertante.

De entrada estar limitados por la obligación a jugar sólo contra los rivales de la Concacaf es el virus que ataca la salud de la selección mexicana. Ya no abundemos sobre el nivel cuestionable de esta área futbolística porque de por sí las eliminatorias mundialistas han sido un calvario para el equipo verde. Jugar cada dos años la Copa Oro y ahora, por si algo faltaba, también el torneo denominado Liga de Naciones de la Concacaf, es como querer avanzar pisando el freno.

“Es que somos Concacaf”, dicen. Más bien, elegimos fundar la única confederación que no es continental. Aunque existiera el interés de jugar otra vez Copa América o Copa Libertadores no es tan simple decirlo que lograr de verdad que los clubes mexicanos y el equipo Tricolor tengan la calidad necesaria para competir en serio.

Por decisión propia nos encadenamos a una confederación donde no está en riesgo obtener el pase al Mundial. Para México, jugar en Concacaf garantiza la asistencia cada cuatro años el torneo más importante del futbol organizado, pero el precio que se paga por atrincherarse en la zona de confort es, por decir lo menos, muy alto.

El calendario internacional tras el Mundial de Rusia 2018 provocó que las confederaciones erigieran “muros” en sus fronteras. En algún resquicio queda un lugar para disputar un amistoso contra un rival europeo. Los gigantes europeos no suelen venir a América. Tiene mucho valor enfrentarlos en su casa con todo en contra. Pero es necesario que México cumpla con cierto status deportivo para ser un sinodal atractivo para las mejores selecciones del mundo.

Por la pandemia del coronavirus, no fue posible que la selección mexicana se midiera a Suiza, rankeada en el lugar 12 de la FIFA. Una lástima no poder enfrentarlo aunque se trata de un equipo que ni siquiera ha calificado a cuartos de final de una Copa del Mundo desde que la organizó en 1954. Medirse a Grecia, la selección 54 del escalafón internacional, lo dice todo. Si el partido hubiera sido después del triunfo en la Euro del 2004 sería fantástico, pero ahora no es para presumir.

Basta con revisar los planteles de las selecciones que habitualmente está en los cuartos de final de los mundiales para descubrir que la mayoría de los futbolistas juegan en las principales ligas europeas.

Antes del parón por la contingencia, México tenía a nueve seleccionados nacionales en clubes europeos: Hirving Lozano, Raúl Jiménez, Andrés Guardado, Diego Lainez, Héctor Herrera, Édson Álvarez, Erick Gutiérrez, Jesús Corona y Néstor Araujo.

Jiménez, Guardado, Corona y Araujo son titulares indiscutibles en sus clubes.

Las grandes esperanzas esta temporada descansaban en Héctor Herrera (Atlético de Madrid) e Hirving Lozano (Nápoles) porque llegaron a clubes protagonistas.

HH no ha convencido a Diego Simeone y en su posición va detrás de Saúl Ñiguez, Thomas Partey y Marcos Llorente.

Chucky no ha demostrado por qué es la transferencia más cara en la historia del Nápoles. Sin Carlo Ancelotti en el timón se acabó la paciencia para él y tampoco le ha demostrado a Rino Gattuso que merece más oportunidades.

Así es el futbol en las ligas top. La confianza se gana con rendimiento casi inmediato. Hay que marcar diferencia. Punto.

Lainez, Édson y Guti son la base de la nueva generación, pero aún están muy lejos de consolidarse en sus equipos. Incluso es más probable que salgan.

La pausa por la pandemia ha despertado otras dudas sobre el futuro que le espera a la selección mexicana de futbol.

Hasta la próxima semana. Cuídense mucho, por favor.