Raúl Méndez | El privilegio de ganar

Hoy más que nunca ganar es un privilegio de ricos.

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Ganar es el verbo del futbol destinado a unos cuantos privilegiados y que, en plena era del Covid, se ha agudizado al marcar aún más las diferencias entre los poderosos y los demás.

Para muestra la regla de los cinco cambios.

Imaginen al defensor del Crystal Palace que durante una hora sufrió con Sergio Agüero del Manchester City hasta que fue reemplazado por Gabriel Jesús. Al pobre zaguero, ya disminuido, le toca enfrentar por lo menos treinta minutos a otro delantero, fresco y de clase mundial.

En el futbol gustan las historias típicas de Cenicienta, pero bajo esta nueva normalidad difícilmente volverán a presentarse en el corto plazo.

En la reanudación de las grandes ligas europeas tras el confinamiento ganaron los mismos sin mayores sorpresas. Juventus, Bayern Munich, Paris Saint Germain y Porto.

En Inglaterra ganó Liverpool por primera vez en tres décadas, pero no podemos considerarlo como una rebelión de los menos favorecidos porque forma parte de la selecta aristocracia con un poderoso presupuesto que le permitió imponerse en la Champions antes que en la Liga Premier.

Si lo trasladamos a la reina de todas las competencias de clubes, la UEFA Champions League, desde la coronación del Porto de Jose Mourinho en 2004 ningún otro club de bajo presupuesto ha ganado la Orejona.

Podemos identificar a la vieja guardia conformada por Real Madrid, Barcelona, Bayern y Juventus. Luego están los clubes que se han transformado con la llegada de capitales extranjeros especialmente en Inglaterra como el ruso Roman Abramovich en el Chelsea o la inversión estadounidense del Liverpool. Por último, la irrupción de los multimillonarios estados asiáticos de los Emiratos Árabes Unidos en el Manchester City y de Catar en el PSG con recursos casi ilimitados y hasta ahora insuficientes para dominar en Europa aunque están muy cerca de lograrlo.

Ni con el que para muchos es el mejor entrenador del mundo como Pep Guardiola lo ha conseguido el City. Tampoco los parisinos con todo y Neymar y Mbappé.

Atlético de Madrid es un caso distinto. Tiene la historia pero no la gloria. Destinado a sufrir y lamentarse de su mala suerte tres veces se quedó muy cerca de ganar la Copa de Europa. Sin embargo, es sólido económicamente gracias a sus socios chinos que han asegurado la permanencia de Diego Simeone convirtiéndolo en el entrenador mejor pagado del mundo.

Además, el Cholo dispone del presupuesto más grande en la historia del club colchonero. Eso de no comprometerse a ganar sino a enfocarse en el partido a partido suena más a no comprometerse con su nueva realidad que a aferrarse al peso de la historia.

Vienen detrás proyectos sólidos que han maximizado su capacidad en la planeación para ir ascendiendo entre los gigantes. Ahí aparecen clubes como Borussia Dortmund que de las cenizas renació así como Sevilla, Atalanta, RB Leipzig, Lazio y Borussia Mönchedgladbach.

A excepción del BVB que ya conquistó la Champions, el resto ha saboreado el éxito con cetros inferiores como la copas locales o la UEFA ahora llamada Europa League, pero si hablamos de títulos de liga Atalanta y RB Leipzig nunca lo han conseguido, Sevilla únicamente lo ganó en 1946, Gladbach por última vez en 1977 y Lazio se llevó el scudetto en el 2000.

Hoy más que nunca ganar es un privilegio de ricos.