Geo González | “La Nueva Futbolidad”

Hoy el futbol profesional y quienes los conforman enfrentan nuevos retos.

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Justo cuando las ligas profesionales enfocaban su siguiente paso mercadológico hacia “vivir la experiencia”, es decir, que asistir a los estadios no solo fuera llegar, disfrutar del juego, con pasión, celular y chela, sino sentirse parte del equipo o sentirse jugador, ser pro por un día, parte influyente del partido, con visitas a espacios únicos, palcos, salones, salas interactivas, convivencias, recorridos etc. la pandemia ha alejado a los aficionados del estadio.

Si bien la industria sentía que la sola asistencia al estadio no era un diferenciador suficiente de quien lo veía por televisión, ahora la ilusión, la máxima expectativa vuelve a ser la presencia grupal desmedida y fervientemente trasgresora a veces, catártica en otras, de gritarle a tu equipo, al árbitro, abrazarte en la celebración de un gol, el consuelo por el penal fallado, el apretujarse por un pasillo para conseguir una chela o la manera de procesarla y desalojarla.

El estar entre muchos, entre todos, entre los nuestros y los otros eso ya no podrá ser en un buen tiempo o mal tiempo, como quiera verse. Hoy el futbol profesional y quienes los conforman enfrenta nuevos retos.

El aficionado tiene como reto volverse a prender a través de la imagen de televisión, ya sea en la sana soledad de su móvil, en la televisión de casa, con sangre de su sangre y no con la banda de su banda. Sin mentadas porque te oye un vecino, tu madre, tu abuelo, tu novio, tus hijos, sin descomposturas mayores, es decir, solo descomposturas que ni se festejan ni se contagian. El reto es no dejar de sentir la pasión y las emociones que genera el juego y tu equipo.

Aunque por otro lado, está la seguridad de estos tiempos, sin el tráfico, ni el "¿dónde dejamos el coche?" O "el camión va lleno, no hay taxis, peseros y el uber es más caro". Y a la salida camínale, no empujen, ya me robaron el celular o espera horas en el coche, sin que nadie te deje encerrado o el “viene viene” se cobró a lo chino o se lo llevó la grúa (al coche, no al vieneviene).

¡No hay gastos extras! “el boleto para ver el juego” viene incluido en el recibo de la luz o el sistema de cable, no hay reventa, ni cola para el baño, ni el ¡sentados que ahí va el agua! ni el chelero que te estorbó el tiro. El aficionado está, no como en su casa, sino en su casa.

Y aquí se conecta con el reto de otro de los actores del futbol profesional, la televisión, que a través de la tecnología y sus maravillosas opciones hará lo imposible para que la transmisión no se sienta como en el eco de un baño. Con sonidos que motiven al narrador, que le recuerden que su oficio es ser el cupido que flecha y enamora al aficionado con el juego y para ello necesita de su propia pasión por el juego, tendrá que recordar de dónde viene, de aquellas interminables sesiones narrándose a si mismo, solito, de niño tal vez, emocionándose solo, sin mayor estímulo que hacer lo que ama, divertida, amena y pasionalmente.

Las transmisiones buscarán dinámicas para que la audiencia, se enganche, se sienta parte. Sonidos, imágenes y al mismo tiempo todo aquello que pueda ser comercializable porque también se requiere que los patrocinadores sigan en el juego.

Y por último y más importante, están los jugadores, porque si algo nos recordó esta pandemia en términos deportivos es que, sin atletas, sin quienes juegan los deportes, no hay deportes. Suena obvio lo sé, pero así fue, de pronto no había a quien ver, a quien narrar, a quien comercializar, a quien apoyar. De pronto no solo no hubo industria, no hubo deporte. Si quien juega no está a salvo, no hay juego.

¿Y cuál es el reto para quien juega? Para mi ese resulta el reto más sencillo, aunque no sé si les resulte fácil de cumplir, el jugador deberá recordar qué lo llevó a ser futbolista por qué juega, qué sentía al saber que jugaría en un equipo de primera división, deberá volver a conectarse con su primera y más genuina motivación, esa que no esta supeditada al sueldo, al rival, a un clásico, al estadio lleno, al reflector. Esa pareciera ser la más sencilla de recuperar, siempre y cuando no se haya olvidado del todo.

¡Bienvenidos todos a esta nueva futbolidad!