Geo González | Cincuenta años de futbol femenil

Se están cumpliendo cincuenta años de aquel primer mundial femenil en la historia del futbol.

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Algunos dirán que son diecinueve porque fue en 1971 cuando México llegó a la final y no, ese fue el segundo.

El primero fue en Italia en 1970. La selección mexicana estuvo formada por jugadoras que tenían entre 14 y 17 años, de distintas ligas del país y que aprendieron a jugar solas.

Entre ellas estaban Martha Coronado (defensa y extremo izquierda), Elvira Aracen (portera) y Alicia Vargas, a quien por cierto, en ese mundial al verla jugar, driblar, pegarle a la pelota, dominarla, la apodaron “la Pelé”.

Elvira Aracen venía del atletismo, así que fue la encargada de poner el acondicionamiento físico del equipo. Podemos decir entonces que esa selección además de autodidacta era también un poco autosustentable.

“Imagínate Geo”, me dijo Martha Coronado, “muchas de nosotras íbamos a conocer primero Italia que Acapulco”.

En ese mundial a México le tocó debutar contra Austria.

“Lo que más nervios nos daba", platicaba 'La Pelé' Vargas, "era el primer juego porque en México no hacían más que criticar que fuéramos al mundial, que solo haríamos el ridículo, que nos iban a pasar por encima, que a qué íbamos”.

Al ver a las austriacas algunas de ellas dijeron: “¡En la torre! ¿Ya viste el tamaño? 1.80. ¿Y el pelo? Rubias. ¿Y el cuerpo? ¡Escultural!"

"A ver, no las vamos a cargar sino a esquivar, nosotras tenemos picardía, técnica, somos entronas y conjunto. El pelo la que quiera se lo puede pintar, del cuerpazo, pos ahí si ni modo, pero por eso no te dan goles”.

Antes de contarle del partido le comparto lo que a tres voces me platicaron ellas.

Fueron alojadas en la ciudad de Molfeta, a 25km. de Bari, donde se realizarían sus partidos. Era un pueblo chiquitito, muy bonito, pero no había ningún lugar donde pudieran entrenar, así que salían a correr a la calle, pero la calle se acababa pronto, así que le daban vueltas al pueblo por todos lados y en el inter buscaban algún parque, un planito o algo donde tocar el balón.

Al principio las veían raro, después las saludaban. A los pocos días se les atravesó el padre Rocco, las frenó en seco y les pidió que lo siguieran.

“Aquí ha de ser pecado jugar futbol”, comentaban. El equipo era obediente y respetuoso, así que jaló “pa´donde” el Padre Rocco. Cuando estaban turnándose para ver quien le explicaba que jugar futbol no era un pecado capital sino la gloria, llegaron al mini monasterio, ahí las estaba esperando un grupo de seminaristas quienes las recibieron amables y les presentaron la cancha de futbol, era muy muy pequeñita, pero les dejaron entrenar ahí.

Al día siguiente entrenaron y jugaron contra los seminaristas, me es grato comunicarles que pese a la sotana que usaron, los golearon.

¡Llegó el día del debut! El equipo salía en camión rumbo a Bari, el padre Rocco muy puesto en la puerta para darles la bendición, pero no venía solo, los goleados seminaristas junto con casi todo el pueblo salieron a aplaudirles y darles flores.

El camión arrancó y de pronto se dieron cuenta que las seguían cerca de veinticinco de los llamados topolinos, los autos Fiat, esos chiquitillos armaban caravana para el juego.

Ya en el estadio sacaron la bandera. "¡Claro", dirá usted, "estaba fácil, la bandera italiana y la de México son verde, blanco y rojo!" Sí, pero a esta bandera le habían puesto algo en el centro, muy redondo para ser águila y muy chato pa´ ser nopal.

¡Era un calendario Azteca! Y así con esa bandera llena de sincretismo cultural la “barra topolino” celebró los nueve goles que México le sorrajó a las austriacas.

"Fueron trece", dijo 'la Pelé', pero solo nos contaron nueve, cosa que dejó mejor parados a los seminaristas que solo se habían comido siete y supongo que varios “ostiazos” del coach Rocco.

Después México le ganó a Inglaterra y en la semifinal enfrentó a Italia. Las italianas se fueron arriba con un penal con falta de Martha Coronado. Las italianas eran rudas, intensas, les pegaron, las patearon, las mexicanas (qué fruta vendían, no vendían piñas eh) respondieron.

Se armó la de Dios es Rocco y perdió México, entonces, Elvira Aracen la portera preparadora física les dijo, "¡Las esperamos el año que entra!".

Y así fue, el siguiente mundial fue el de 1971. Se jugó en México en el estadio Azteca ante 110 mil personas que celebraron ver a su equipo jugar la revancha contra Italia. Se dio en la semifinal, hubo patadas, jalones, expulsiones, reclamos, México se desquitó, avanzó a la final y ahí las danesas fueron las campeonas ganando 3 a 0.

Epílogo

El Mundial del 71 ingresó 20 millones de pesos en taquillas. A las jugadoras les tocó el aplauso.

A la fecha Martha Coronado insiste que el penal con el que perdieron en Italia no era y a la fecha 'la Pelé' Vargas le dice que sí fue penal.

¡Ah! Por más que quise indagar si algún seminarista era el de los ojos negros, ninguna soltó prenda.

Soy Geo Gonzalez y en el futbol pecamos todos.