Color: Un país, dos formas distintas de ver el futbol

La Selección Mexicana sufrió dos veces con el mismo marcador en Argentina, pero la afición sudamericana en Córdoba y Mendoza creó atmósferas distintas para el Tri

FERNANDO VÁZQUEZ
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En Córdoba se dice que el Fernet sin refresco de cola es solo vino amargo, en Mendoza, el Malbec es el vino religión. Y al hablar de eso, en Córdoba hay tantas Iglesias que se le llama “la ciudad de las campanas”, en Mendoza, la catedral sobrevive ante la escasez de parroquias.Apenas las divide un vuelo de menos de una hora, pero ambas ciudades son tan distantes en su forma de apreciar la vida y el futbol, eso sí, en ambas se comparte el mismo amor por la Argentina y el resentimiento a su selección.“Quedamos dolidos por el último Mundial”, “no viene Messi”, “pensamos más en el River vs Boca” eran los pretextos ideales de cordobeses y mendocinos para justificar la falta de interés en los dos encuentros entre Argentina y México, preámbulo que no hago más que amenazar unas baldías tribunas en el Mario Kempes y en el Malvinas Argentinas.Pero el argentino se dobla con la albiceleste, aunque haga todo lo posible por negarlo. En ambos recintos, la entrada fue, al menos, generosa. Una vez que el amor a la playera argentina quedó plasmado, sería el turno de que, una vez más, la dos sedes volvieran a distanciarse.En Córdoba de dice que al estadio hay que ir para analizar el juego, como si fuera un Fernet al cual se le añade la cantidad exacta de refresco de Cola. En Mendoza, el estadio es una vía de demostrar la identidad argentina, tan orgullosa como un buen Malbec.La Selección Mexicana intentó luchar contra una afición cordobesa que guardaba silencio ante el desconocimiento del rival, pero que imponía con sus miradas analíticas. Los más de 30 mil en la capital cordobesa parecían transmitir por pensamiento a Lionel Scaloni lo que había que hacer para derrotar al Tri. Miles de técnicos unidos para “dirigir” a uno solo, el que estaba en la banca.En cambio, el “Tuca” Ferretti nunca logró que el “Cata” Dominguez o Isaac Brizuela escucharan sus advertencias sobre el peligro de Lamela o Icardi; los hinchas mendocinos se encargaron de ello en una sede donde el silencio era tan absurdo como un vino en el sol.Y sí, Mendoza no solo vive de futbol, sino también de patria: “Y ya lo veeeen, y ya lo veeen, el que no salteeee, es un inglés”, repetían en un recinto que lleva en el nombre una histórica disputa con la Gran Bretaña.Dybala era el preferido unánime en su casa, mientras que no solo la “Joya” era solicitado para al menos un guiño en Mendoza, que clamaba por media plantilla; más amor para repartir, como los viñedos en la provincia.Dos ocasiones 2-0, cada quién tuvo su recompensa. Son dos formas de ver el futbol. México no solo encaró dos veces a la Argentina en la última fecha del año, sino a diferentes formas de mostrar una pasión que acaba por unir a un país tan extenso como variado.