Raúl Méndez | Moneyball

En el futbol desde que el juego se fue profesionalizado ganan los que más gastan.

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No se trata sobre el modelo de gestión de Billy Beane en los Atléticos de Oakland, historia célebre trasladada del libro a la pantalla grande, en el que mediante un análisis científico, la sabermetría de Bill James, podía armarse un equipo de manera inteligente sin invertir sumas exorbitantes. Había que detectar primero las necesidades del equipo y luego resolverlas con la contratación de jugadores a bajo costo.

El término hoy podía ajustarse perfectamente al futbol del Siglo XXI pero en un contexto totalmente opuesto.

El futbol se rige por la capacidad de comprar a los mejores jugadores para aumentar las posibilidades de ganar. Quien disponga de mayores recursos económicos parte con una ventaja considerable respecto al resto.

Desde que el juego se fue profesionalizado ganan los que más gastan. Por eso, ganar se ha convertido en un privilegio reservado para una oligarquía. Real Madrid y Barcelona en España; Juventus, Milan e Inter en Italia; Bayern Múnich en Alemania, además de Manchester United y Liverpool en Inglaterra, por citar los casos célebres en Europa.

A la vieja aristocracia se han sumado los nuevos ricos como el Chelsea del ruso Roman Abramovich y, desde hace una década aproximadamente, el Manchester City de los Emiratos Árabes Unidos y el Paris Saint Germain de Catar.

Basta con repasar la lista de los más recientes monarcas en esas ligas y de la propia UEFA Champions League.

Los clubes en cuestión se han repartido los éxitos por lo que las historias de Cenicienta están al borde de la extinción.

En el escenario continental tal vez el Porto de Jose Mourinho en el 2004 fue el último de una liga modesta que se coronó en la Champions League.

Mención especial para Lille que acaba de consagrarse como campeón francés por encima del poderosísimo PSG con todo y la dupla Mbappé-Neymar a la cabeza de su constelación de figuras.

Un ejemplo de que todavía hay historias de éxito que no dependen exclusivamente del gasto desenfrenado sino de la inversión inteligente.

Ante la crisis económica derivada del Coronavirus, se creyó que los clubes serían más cautos al gastar, evaluarían con detenimiento las altas y las bajas dando prioridad a los jugadores de cantera, o sea que volverían a las bases para competir con lo que fueron capaces de producir internamente.

Sin embargo, la diferencia entre los presupuestos de los clubes europeos se ha intensificado a falta de un ente que regule con límites punibles que afecten en lo deportivo y no sólo apliquen multas cuando lo que más tienen los infractoreses dinero para pagar.

De lo contrario, el dinero para contratar al mejor entrenador y los mejores jugadores seguirá siendo el elemento esencial del juego.

Hasta la próxima semana. Cuídense mucho, por favor.
Raúl Méndez