Raúl Méndez | La Super League y el devenir del futbol europeo

Es un hecho que cada vez hay menos historias de cenicientas en un futbol monótono porque siempre ganan los mismos.

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Hemos sido testigos en los últimos días de una confrontación abierta entre los clubes más poderosos de Europa y la UEFA que definirá el futuro inmediato del futbol donde mejor es practicado.

Como primer paso anuncian la fundación de la Super League en un despliegue mediático del plan orquestado en las sombras o como diría Javier Tebas, el presidente de la Liga española, no es más que resultado del “bar de las cinco de la mañana”.

Y lo hacen un día antes que se presentara el nuevo formato de la Champions League lo cual no es coincidencia.

Todo apunta hacia el dinero. Los ricos no quieren repartir el pastel con nadie. Asumen que por derecho es todo suyo.

Tal poder les permite retar directamente a la UEFA para crear su propio torneo regulado por ellos mismos. Es como el modelo mexicano que suprimió los ascensos y los descensos, guardando las debidas distancias.

Los reportes preliminares hablan que en el nuevo torneo los clubes disidentes pueden triplicar o hasta cuadriplicar los ingresos que suelen recibir cuando disputan los certámenes continentales.

No se trata de una medida desesperada para contrarrestar la crisis económica por la pandemia. La idea de la Súper Liga fue concebida antes por Manchester United y Real Madrid como principales impulsores bajo el amparo de un fondo de inversión estadounidense.

La historia nos recuerda que la Revolución Industrial nació precisamente en Manchester y nadie mejor que el United para operar no como un club tradicional sino como una auténtica empresa. Los Red Devils también fueron los que incitaron la creación de la Premier League junto a Arsenal y Tottenham siguiendo el modelo económico de la NFL.

Entre los equipos que están detrás de la Súper League encontramos, además del United, al Liverpool y el propio Arsenal cuyos propietarios son estadounidenses que ofrecen un amplio portafolio de empresas e inversiones.

Y Real Madrid es una marca global que se vende por sí sola. Santiago Bernabéu y su entonces vicepresidente Raimundo Saporta dieron forma a la idea concebida por periodistas franceses y así surgió la Copa de Campeones de Europa, hoy conocida como Champions League. El Madrid dominó el primer lustro de la competición en la primera era de los galácticos con Di Stéfano, Gento, Kopa y Puskas.

66 años después Florentino Pérez, el mismo que construyó la segunda era de los galácticos con Zidane, Figo, Ronaldo, Beckham… y admirador confeso de Bernabéu está detrás de la Súper League.

Llueven comunicados entre los equipos que han formado dos bandos reconocibles: los disidentes y el resto alineado con sus federaciones nacionales y la UEFA.

Los disidentes han pisoteado al resto. Han rebajado el valor de las competiciones nacionales, ahí donde el rendimiento se mide en un clasificación que reparte las plazas para jugar los torneos continentales.

Es un hecho que cada vez hay menos historias de cenicientas en un futbol monótono porque siempre ganan los mismos, los más ricos que tienen a los mejores jugadores.

Quitar el derecho de soñar a los menos favorecidos de tener la temporada de su vida y meterse a una edición de Champions, por ejemplo, va contra todo principio de competitividad y mérito deportivo.

En el futbol de la nueva normalidad con estadios vacíos por la pandemia, pocos se han acordado de la afición de esos clubes mancillados por la ambición de la élite.

Y, al contrario, han visto una oportunidad de saciar su ambición cuando la humanidad enfrenta un virus mortal.

En este nuevo partido la cancha se traslada a las redes sociales donde cada protagonista hace su jugada. Ya veremos cómo termina.

Hasta la próxima semana. Cuídense mucho, por favor.