Raúl Méndez | Ganar no tiene precio

PSG se ha dedicado a traer figuras como si fueran a desfilar por las pasarelas en vez de fichar jugadores para armar un equipo.
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Apenas se anunció la llegada de Lionel Messi al Paris Saint Germain y ya les daban la Orejona, la obsesión del estado catarí desde que tomó control del club.
Como la arena de su desierto todo se derrumbó en la primera ronda de eliminación directa ante el verdadero soberano de la competición, el Real Madrid.
Lo dejaron vivo en la ida y fueron hasta 150 minutos de dominio global hasta que entraron en pánico y se demostró que la grandeza se construye con el tiempo y no con petrodólares sin límites.
Se han dedicado a traer figuras de relumbrón como si fueran a desfilar por las pasarelas parisinas en vez de fichar los jugadores que necesitan en la cancha para armar un equipo.
Ante el Madrid sobraron las figuras. Kylian Mbappé fue el único que demostró un nivel superior al de sus rivales y también al de sus propios compañeros que no pudieron respaldar, en especial los que llegaron esta campaña y que iban a marcar la diferencia que tanto esperaban para el asalto de Europa.
Gianluigi Donnarumma confirmó lo que en Italia se sabía: que su talento está defendiendo el arco y no jugando con los pies.
Achraf Hakimi vuela por la banda en ataque, pero su capacidad defensiva no es de las más memorables en su posición. De ahí que Real Madrid optó por cederlo y luego venderlo para quedarse con Dani Carvajal y Lucas Vázquez en su reconversión de extremo a lateral.
Georginio Wijnaldum era un fijo en el Liverpool de Jürgen Klopp y en París no existe para Mauricio Pochettino.
Lionel Messi no ha reclamado al equipo como suyo, quizá por respeto a Mbappé o porque su liderazgo lo ejerce en silencio y prefiere manifestarlo en la cancha. Como sea su producción es muy discreta pese a lo que gana.
En Francia no le perdonan el escaso protagonismo y desde luego la falla del penal en el primer capítulo.
De Pochettino está claro que su futuro está fuera del club cuando finalice la temporada. No ha tenido la autoridad para imponerse a una plantilla de figuras y tampoco de darle una identidad de juego.
Va que vuela para ser otro David Moyes o Unai Emery, o sea entrenadores que no tienen perfil para dirigir a un grande.
El precio de tener al tridente les privó de tres peones para la recuperación del balón, es decir que no disponen de la primera línea de presión cuando se pierde la pelota en campo rival.
Quieren ganar cueste lo que cueste coleccionando figuras pero siguen sin construir un equipo.
Ahora tendrán que hacerlo sin Mbappé.
Hasta la próxima semana. Cuídense mucho, por favor.