Raúl Méndez | El desencuentro en París

El primer capítulo en la historia de PSG y Lionel Messi ha sido el menos esperado para cualquiera.
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TUDN
Raúl Méndez
Por:
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El primer capítulo en la nueva historia que protagonizan Paris Saint Germain y Lionel Messi ha sido el menos esperado para cualquiera.

Y tiene en Mauricio Pochettino al villano del melodrama, ni más ni menos que el entrenador del millonario club-estado.

El tridente por primera vez se presentó en casa y en la liga porque días atrás la nueva sociedad se había estrenado en la Champions en su visita al modesto Brujas.

Kylian Mbappé recargado a la izquierda, Neymar en punta y Messi por detrás del brasileño para recibir en el Parque de los Príncipes al Olympique de Lyon.

PSG debió remontar el gol de Lucas Paquetá. El empate llegó con el penal convertido por Neymar. Restaban 15 minutos para el desenlace, qué mejor oportunidad de darle la vuelta con el tridente en cancha era el pensamiento que reinaba entre los entusiastas feligreses en la parroquia parisina pero Pochettino, otro rosarino con ADN leproso como Lío, encontró la oportunidad de enviar un mensaje para dejar en claro quién manda en un equipo plagado de egos y decidió que tenía más posibilidades de ganar sin Messi.

Una osadía que, en su momento, tanto Pep Guardiola como Luis Enrique cometieron en el Barcelona cuando quisieron gestionarle los minutos al crack argentino y, de inmediato, reviraron porque si físicamente está a tope quiere jugarlo todo.

Messi se ha ganado el derecho, por su condición de jugador inigualable, de ser consultado sobre el plan de juego de su entrenador en turno. Una obviedad que dejó pasar su nuevo estratega.

Es el fichaje bomba del PSG para la reconquista de la Ligue 1 y, especialmente, reinar por primera vez en Europa cueste lo que cueste porque se les ha resistido aún con Mbappé y Neymar.

En el deporte pocos admiten públicamente que hay atletas indiscutibles pero lo son de facto y los entrenadores lo saben. Los jugadores que ganan títulos y cotizan a todo el equipo, incluyendo al propio estratega, reciben un trato privilegiado plenamente justificado cuya duración depende de su máximo rendimiento en el campo.

Esta vez el pragmatismo de Pochettino se enfocó en el corto plazo. Cierto, sus ajustes permitieron que ganaran con el gol de Mauro Icardi en el último suspiro del partido pero tal vez haya perdido mucho más ante Messi. Priorizo los tres puntos por encima del respeto a un jugador de época y eso puede pasarle factura.

Poche tiene ya su primer problema por resolver.

Hasta la próxima semana. Cuídense mucho, por favor.