¿Qué pasará con el fútbol ante la desaceleración económica mundial?

Increíblemente, La Liga de España no será transmitida en el Reino Unido tras no alcanzar un acuerdo comercial en ese país.

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El Leeds United, equipo de la segunda división inglesa dirigido por el popular entrenador argentino Marcelo Bielsa, entró en una crisis deportiva luego de que su propietario, el empresario italiano Andrea Radrizzani, sufriera un grave traspié económico.

Los de Bielsa parecían volar plácidamente hacia la Premier League a media temporada, mas tristemente acabaron eliminados por el modesto Derby County de Frank Lampard.

Además de haber comprado al Leeds, Radrizzani invirtió en crear una empresa para transmitir deportes en vivo en el Reino Unido. Su primer golpe de autoridad fue conseguir las transmisiones de La Liga de España. No obstante, no logró conseguir suficientes suscriptores y La Liga acabó recurriendo a una cláusula para invalidar su contrato.

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De cara a la próxima temporada, La Liga volvió a subastar sus derechos para el mercado británico. Sin embargo, no hubo quien llegara al precio estipulado por el presidente Javier Tebas. La subasta fue declarada nula, de modo que Barcelona y Real Madrid se quedarán sin audiencia en la Isla.

¿Cómo es que un mercado como el británico, que ha roto todos los récords presupuestales en cuanto al fútbol (y también en cuanto a su mercado de fichajes) se quedó sin recursos para ofertar por La Liga?

La respuesta apunta al estado de la economía global.

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Recientemente, la Reserva Federal de Nueva York anunció que la economía de Estados Unidos redujo su crecimiento a 1.5% del producto interno bruto en el segundo trimestre del 2019. Por otro lado, la Comisión Económica de la ONU para América Latina y el Caribe (CEPAL) pronostica que 21 de 33 países de la región no tendrán crecimiento económico.

En otras palabras, el mundo real entró en desaceleración.

En un escenario de estas características, la primera consecuencia sobre el mundo futbolístico es el incremento de la brecha entre clubes ricos y clubes pobres. Apenas la semana pasada, el dueño del Newcastle United, Mike Ashley, declaró que “intentar entrar al mercado de fichajes con un presupuesto de 100 millones (de libras esterlinas) es un chiste de mal gusto.” Ashley ha sido cuestionado por permitir la salida del entrenador español Rafa Benítez rumbo a China, a lo que él respondió: “Se marchó simplemente porque allá le daban más dinero.”

En teoría, el capital que equipos de media tabla para abajo, como el Newcastle, usan para fichar proviene precisamente de los lucrativos contratos de transmisión. En la práctica, no obstante, ese capital es conseguido mediante préstamos bancarios y bursátiles.

Esto implica que, a medida que la economía mundial continúe desacelerándose, varios equipos humildes comenzarán a endeudarse. Mientras el Manchester United, el City, el Barcelona o el Madrid tienen activos que respaldan sus pasivos, (como sus derechos de imagen y sus patrocinios), el Newcastle parece estar destinado a caer goleado en cada visita a Old Trafford o al Etihad Stadium.

Tanto como el mundo real, el mundo futbolístico está entrando en una etapa de incertidumbre económica. La única certeza, parece ser, es que los equipos grandes incrementarán su ventaja financiera y deportiva sobre los demás.

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