De víctima de Pinochet a ser el mejor relator de futbol en Chile

Vladimiro Mimica fue torturado en el Estadio Nacional, huyó y volvió a cumplir su sueño.

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El día más triste en la historia de Chile fue 11 de septiembre de 1973 cuando Augusto Pinochet encabezó un golpe de estado que acabó con la vida del Presidente, Salvador Allende. El General tomó miles de presos políticos que torturó hasta el cansancio en el Estadio Nacional de Santiago, uno de los centro de detención en el país; ahí vivió días de terror Vladimiro Mimica, quien años después llegó a ser el mejor narrador chileno de futbol.

“El 11 de octubre fui detenido y me llevaron al Estadio Nacional, lo que para mí fue una ironía de la vida: el Estadio Nacional había sido testigo de las grandes emociones, de los grandes éxitos, también fracasos, de la sociedad deportiva chilena y donde yo había sido protagonista a través del periodismo deportivo, relato de esas emociones".

Cuando llegó al estadio se percató que había muchos detenidos, hombres y mujeres, 6,000 aprox. Los intimidaron, golpearon y mataron sin piedad para no dejar rastro de gente que cmulgaba con el anterior mandatario, muy cercano a Mimica.

“La corriente era habitual, los golpes habituales, desnudarte era habitual, el fusilamiento psicológico era habitual. Las camas eléctricas. Sumergirte en el agua. Maltrato psicológico. Esos momentos eran duros, pero también eran muy duros en las noches, cuando los que llegaban del interrogatorio, producto de las heridas y golpes, eran quejidos interminables; era difícil conciliar el sueño. Además, con el alma en un hilo: hoy fuiste tú y mañana soy yo”.

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Vladimiro tuvo que huir del país y recalar en Argentina para ganarse la vida con la venta de libros, pues ya no pudo ejercer el periodismo. En ese inter, Chile jugó un repechaje ante la URSS para ir a la Copa Mundial de 1974 en Alemania. Su figura pricipal, Elías Figueroa, fue amenazada de muerte si jugaba. La ida acabó 0-0 en Moscú, así que la vuelta debía jugarse en Santiago.

Los rusos escucharon rumores del centro de tortura y llegaron emisarios de FIFA a verificar el Estadio Nacional. Pinochet ordenó esconder a los presos, quienes veían por una rendija la mentira que se fraguaba. La URSS no viajó y la FIFA obligó a jugarse el partido con un solo equipo. Chile se uniformó, salío al campo y Francisco 'Chamaco' Valdés marcó el gol de la clasificación. Lo lamaron "el partido de la Vergüenza".

Cuando Vladimiro volvió a su país, un extécnico de futbol habló con él y le pidió que regresara a narrar al "Gigante de Ñuñoa", pues no debían perder algo que les pertencía por historia.

“Me dijo: El estadio a ti te pertenece, eres parte del estadio. Al estadio lo mancillaron, lo violaron, lo violentaron, nos robaron a los deportistas el estadio; ese estadio tenemos que recuperarlo nosotros y tú tienes que volver. Eso me dio ánimo para volver al estadio. Al comienzo no me fue fácil, fue un puñado de recuerdos dolorosos, recuerdos ingratos, recuerdos de compañeros que no vi nunca más”.

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Con el paso del tiempo las heridas cicatrizaron, el dolor se apaciguó. Vladimiro Mimica se convirtió en el mejor relator de futbol, en Chile y contó grandes anécdotas. El Estadio Nacional de Santiago reinvindicó su historia marcada por las lágrimas de tristeza y desesperación en aquel inolvidable 1973, por las de alegría que desencadenó el título de la Copa América 2015 en el mismo escenario.

Una tribuna de madera yace en la cabecera principal en memoria de lo courrido, para que no se olvide, para que pueblo chileno que se abrazó y gritó con júbilo el gol de Alexis Sánchez en la tanda de penales que significó el primer campeonato en la historia de la Roja, mantenga la exigencia de justicia.

“Yo sí creo que debe haber justicia y debe haber memoria, memoria para que esto jamás vuelva a ocurrir en Chile”, cerró Vladimiro Mimica.