Raúl Méndez | ¡Tiempo fuera!

El Mundial de 2022 en noviembre y diciembre plantea un nuevo debate en el futbol.

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Que el próximo Mundial vaya a celebrarse entre noviembre y diciembre del 2022 ha planteado un nuevo debate en el futbol.

Por un lado hay quienes lo ven como la oportunidad para reorganizar los calendarios que siguen pendientes de concluir. ¿Por qué no ocupar lo que resta del 2020 para culminar la temporada 2019-2020 y luego que 2021 y 2022 sean temporadas que corran como el año natural?

Por otro lado surgen opositores que defienden el curso regular de las temporadas posteriores y no quieren más alteraciones porque además existen contratos cuya vigencia va de la mano. Por ejemplo, la relación laboral entre un futbolista o entrenador con un club vence en junio y no en diciembre.

No es una tema sencillo cuando ni siquiera existe certidumbre.

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¿Alguien puede asegurar que habrá reinicio o de plano deben cancelarse las ligas como ya hicieron Bélgica, Escocia y Holanda? Tampoco las temporadas son desechables a dos meses aproximadamente de su conclusión, más del 75% de los juegos se han disputado, pero si no hay garantía de seguir entonces...

Hoy solamente puede pensarse en escenarios probables, cada vez más pesimistas o realistas.

Y es en estos casos extraordinarios cuando emergen precisamente las realidades que se enfrentan en cada liga.

En las mesas de negociación, en esencia, todos tienen el mismo lugar y el mismo peso en la toma de decisiones: las ligas, los clubes, los jugadores, etc. (me refiero a aquellas ligas donde existe un sindicato de jugadores como en Europa, Brasil o Argentina).

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Decisiones que llegan como consecuencia de las órdenes dictadas por los gobiernos tras conocer los informes de los especialistas sanitarios y entonces se puede marcar el plan de acción.

En materia legal disponen de un contrapeso que los defiende de cualquier acto unilateral que atente contra los intereses de cualquier agremiado.

También en momentos como este llegan los grandes cambios. Es la oportunidad de unirse y dejar de ser un ente pasivo, salir de esa burbuja efímera y mirar desde los menos favorecidos.

Cuando se vuelva a jugar, sea para concluir la campaña o iniciar el nuevo curso, serán las mismas interrogantes, especialmente en lo relativo a la salud.

Aunque se juegue en un principio sin público y los jugadores permanezcan confinados en hoteles por semanas no existe la total garantía de que no sufrirán contagio.

Y mientras la economía del juego estará paralizada hasta que el balón no vuelva a rodar.

Hasta la próxima semana y cuídense mucho, por favor.