Cenicientas del deporte | Juan Manuel Fangio en la Fórmula Uno

Un argentino que se convirtió en el primer multicampeón en la máxima categoría del automovilismo.

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En esta serie de artículos presentamos un poco de la vida y obra de Juan Manuel Fangio, uno de los pilotos más respetados en la Fórmula Uno, de los más idolatrados deportistas en Argentina, de un envidiado por muchos, pero nunca más allá de la contienda deportiva, porque enemigos, dicen, no tuvo siquiera uno.

‘El chueco’ así apodaban al piloto argentino nacido en Balcarce, Juan Manuel Fangio. Un hombre derecho en su personalidad, pero arqueado de piernas que sabía de mecánica, de negocios y de cómo correr autos de carreras llegó a Europa para convertirse en un campeón único.

Fangio, como era conocido por todos, compitió en la Fórmula Uno desde su primera temporada y la llegada de un latinoamericano a Europa velaba todo aquello de lo que era capaz.

Este descendiente de italianos era un amante del futbol, el deporte casi, casi nacional en su natal Argentina abandonó sus estudios a temprana edad para aprender mecánica, un oficio del que se aprendía viendo, porque nadie enseñaba nada y de ahí, logró una de sus más grandes virtudes.

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‘A un motor no se le exige, se le consiente, no se le debe calentar demasiado o se le rompe’ eran frases achacadas a un hombre que pronto fue conocido como un domador de motores, un amo de terminar carreras y que ante todo, pensante, sereno y callado, escribió su nombre con letras de oro.

Nunca apresuraba juicios, no arrebataba las cosas… simplemente seguía su camino en el flujo de su sensibilidad que casi siempre le daba resultados.

‘Despacio que voy de prisa’ es tal vez una de sus frases más célebres, pues cuando los demás parecían furiosos pilotos batiéndose en la pista derrapando, forzando y con manejo agresivo, Fangio lo hacía ver sencillo. ‘Se ve fácil’ decían muchos al verlo, pero cierto es que cuando a algún ejecutante de un instrumento, una herramienta o en este caso, conductor de autos lo hacía ver así de fácil, significaba que era increíblemente complicado.

1951 fue el año de su primer campeonato, luego llegó otro en 1954, 55, 56 y 57. Fue el primer tetracampeón de la Fórmula Uno y el primero en lograr cinco títulos mundiales.

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El haber ganado con cinco constructores diferentes, primero con Alfa Romeo, luego con Maserati, después en 1954 tras dos carreras con los italianos pasó a Mercedes con quien logró dos títulos, para recalar en Ferrari en 1956 y llevarse la corona para que en 1957 compitiera con el equipo Officine Alfieri con motor Maserati que conocía bien.

Hoy, ese andar de equipo en equipo es casi imposible por los contratos multianuales, por lo que su récord es casi insuperable. Por otro lado, sabía cuidar los autos, por su sensibilidad a lo que escuchaba y sentía como mecánico, por su pasión y su fría mentalidad cuando competía.

Nunca se puede comparar a una estrella del pasado con las figuras de actualidad y menos en el automovilismo, entonces corrían en autos de metal, hoy lo hacen en bólidos de fibra de carbono, entonces sin radio, sin tecnología, con volantes enormes de madera y llantas delgadas. Hoy todo es completamente distinto, incluyendo los circuitos y la forma de hacerlo.

Pero en los 51 Grandes Premios en los que compitió logró 24 victorias, es decir el 47% de efectividad, se agenció 29 ‘pole positions’ ue es arrancar en primer lugar por calificación, además en 23 carreras logró la vuelta más rápida y se subió a festejar en 35 podios, es decir en el 68% de las competencias que disputó.

En ese entonces la temporada con menos carreras en la que se coronó tenía sólo siete eventos al año y la que más, nueve.

Por todos estos factores y muchos más, es un incomparable con sus colegas de la actualidad, que no dejan de ser impresionantes, sólo que con habilidades un poco distintas que al igual que ‘El chueco’ de Balcarce, serán únicos e incomparables… si, como Don Juan Manuel Fangio.