Revolución holandesa

TelevisaDeportes.com trae para ti la serie 100 años, 100 momentos del Club América como parte del festejo del Centenario de las Águilas. En esta entrega: Leo Beenhakker llegó con todo su prestigio a dirigir a un América que impresionó al mundo entero

REDACCIÓN
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Se dice que la historia de la Selección Mexicana cambió de rumbo con la llegada del argentino César Luis Menotti a la dirección técnica. El “Flaco” revolucionó la forma de jugar y pensar de un Tri que se alistaba para jugar por primera vez la Copa América en 1993 y el Mundial en 1994. Pero el balompié nacional, a nivel general, acabó por tener otra sacudida en el mismo 94; un sismo cuyo epicentro estaría en Coapa.

Leo Beenhakker nunca triunfó como futbolista, pero a finales de la década de los 80's y principios de los 90's se convirtió en uno de los directores técnicos más asediados del orbe. El holandés, cuya inspiración siempre fue el legendario Rinus Michel, dirigió y triunfó con dos monstruos del futbol mundial: el Ajax y el Real Madrid de Hugo Sánchez.

Después de la justa mundialista en Estados Unidos en 1994, el Club América no solamente sorprendía a México sino a todo el gremio futbolístico del planeta al ser quien se llevaba al mucho más que cotizado Leo Beenhakker. La primera etapa del terremoto estaba cumplida, ahora vendría la parte más álgida: el holandés incorporó a dos futbolistas africanos al plantel azulcrema.

François Omam-Biyik de Camerún y Kalusha Bwalya de Zambia llegaban a la institución capitalina. Pocos, muy pocos sabrían al momento que ambos formarían uno de los dúos más impactantes en la historia del futbol mexicano y que sería reforzado por un plantel con talento generoso, con nombres como Juan Hernández, Raúl Gutiérrez, Raúl Rodrigo Lara, Luis Roberto Alves “Zague”, máximo goleador histórico de la institución y un juvenil, canterano, que daba sus primeros pasos en el balompié mexicano: Cuauhtémoc Blanco.

Leo Beenhakker “holandizó” al América y le hizo practicar no solamente un futbol ofensivo y vertical, sino que gozaba de una efectividad nunca antes vista en México. Las Águilas no solamente ganaban, sino que borraban a sus rivales, desde el debut el 4 de septiembre de 1994, un triunfo de 2-0 ante León.

Atlas sorprendió al América en la segunda fecha pero a partir de ahí, el equipo con uniforme emplumado y festejos legendarios de sus futbolistas africanos se “empacharía” con sus contrincantes, iniciando con victoria a domicilio frente a Tecos por 3-1, triunfo tras triunfo, incluyendo un 7-3 ante Morelia y, por supuesto, el escandaloso 8-1 que Correcaminos se llevó del Estadio Azteca el 21 de octubre de aquel año.

¿Faltaban goleadas? No hay problema: Toros Neza se comió 4 de aquel América , lo mismo que Chivas en el primer Clásico de esa campaña. Tampico Madero también salió con 8 en la frente, Toluca, Cruz Azul y San Luis lamentaron 3 cada uno (el último en la Copa). Morelia volvió a sufrir, aunque para la segunda vuelta “solamente” se llevó 6 dianas. Ganar, gustar, golear, el equipo de Beenhakker cumplió a cabalidad con las 3 consignas a lo largo de la temporada hasta su sorpresiva salida de la institución al final de la misma, poco antes de que América disputara la Liguilla.

Leo Beenhakker volvería con las Águilas para un segundo lapso en 2003 y al año siguiente, dirigiría al conjunto azulcrema en la Copa Libertadores. No obstante, su primera etapa es la que quedará marcada para siempre en el americanismo e incluso en el resto de aficionados a un futbol mexicano que nunca fue el mismo después de aquella temporada 1994-1995. Tanta labor en alrededor de un año, tal como César Luis Menotti. El holandés acabó por sembrar lo que sería una nueva era en el deporte más popular del país y el renacimiento tuvo su cuna en Coapa.