'Mantequilla' Nápoles vs Monzón, la inspiración de Cortázar

El escritor argentino se inspiró en el célebre pleito para escribir un cuento.

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Para el renombrado escritor argentino y apasionado seguidor del boxeo, Julio Cortázar, la contienda entre José 'Mantequilla' Nápoles y Carlos Monzón, uno de los choques más célebres de la 'dulce ciencia' llevada a cabo en Puteaux, París, Francia, representó la oportunidad de escribir el cuento titulado 'La noche de Mantequilla'.

El 9 de febrero de 1974, sobre "una carpa de circo montada en un terreno baldío al que se llegaba después de cruzar una pasarela y seguir unos caminos improvisados con tablones" en las afueras de París, detalla la voz narrativa, el cubano-mexicano 'Mantequilla' Nápoles y el argentino Carlos Monzón, se batieron en la división de los medianos.

Nápoles, en ese entonces el campeón wélter del CMB, se vio forzado a subir dos divisiones para enfrentar al oriundo de Santa Fe, Argentina. Al final, 'Mantequilla' terminaría por sucumbir ante la diferencia de peso presente en la pegada de Monzón.

Al igual que en el entarimado, el cuento se desarrolla por medio de dos personajes, Estévez y Walter, que observan la contienda. La trama parte de una conversación, la cual queda libre a interpretación del lector, y el intercambio de un paquete misterioso.

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Al mismo tiempo que se describe la superioridad de Monzón en el ring, el narrador transmite la incertidumbre y confusión de Estévez respecto a Walter, como si no se tratase del mismo hombre al que supuestamente vería en la función para entregarle el encargo.

El destino de 'Mantequila' Nápoles, derrotado, casi muerto en vida por la paliza que le habían propinado, es muy similar al que Estévez enfrenta al final del cuento. La conclusión de la pelea, narrada de una forma poética, sirve como un adelanto del funesto fin de Estévez.

En el desenlace del relato, se descubre que Estévez y Peralta son timados por otra persona, tal vez miembro de una banda criminal enemiga, que se hizo pasar por Walter; noticia que Estévez recibe como si se tratara de un golpe propinado por Monzón a la mandíbula.

Cortázar ve al boxeador y su laburo como una metáfora de la profesión de escritor. El púgil planea su minuciosa estrategia para sorprender a su rival, mientras que el escritor deber ser meticuloso con las palabras para encaminar al lector hacia un paraje inesperado.

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Cortázar resume su labor en una oración: "El buen cuentista es un boxeador muy astuto, muchos de sus golpes iniciales pueden parecer poco eficaces cuando, en realidad, están minando las resistencias más sólidas del adversario. La novela siempre gana por puntos, mientras que el cuento debe ganar por nocaut".

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