La leyenda de José ‘Mantequilla’ Nápoles (1940-2019)

La historia del púgil, el campeón y sus glorias.

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Don José Ángel Nápoles nació en Santiago de Cuba el 13 de abril de 1940 y se inició en el pugilismo amateur en un gimnasio que se encontraba enfrente de la casa de su padre. Contrario a lo que se piensa, el mote de ‘Mantequilla’ era originalmente de su hermano mayor, porque José era conocido como el ‘Minino’.

En 1961, cuando Fidel Castro asumió el poder en la isla, quedó prohibido el boxeo profesional y así es que José Ángel buscó salir de Cuba y llegó a México al año siguiente para dar continuidad a su ascendente carrera en los cuadriláteros. Tenía 21 peleas en su país antes de llegar al continente, sólo una de ellas perdida.

42 peleas después de avecindarse en la República Mexicana, el 18 de abril de 1969 en el Forum de Inglewood, California, se coronó campeón mundial Welter por el Consejo Mundial de Boxeo y la Asociación Mundial de Boxeo al vencer en trece asaltos al estadounidense Curtis Cokes.

En el último asalto, los ojos de Curtis estaban casi cerrados, “parecían ranuras de alcancía” dicen las crónicas de la época. Un boxeador que cayó víctima de un hombre de armónica combinación de brazos y piernas que un cerebro lúcido ordenaba con un conjunto de fintas y un amplio repertorio de golpes que no se administraba sin una estrategia que se aplicaba a prudente distancia.

Se revisaron los ojos del oriundo de Texas y para el décimo tercer asalto, ya no salió. Nápoles se desplomó sobre la lona y rompió en llanto. Así inició la leyenda de un campeón que aprendió a cabecear al rival desde niño, cuando esquivaba los sartenazos que lo querían ‘sonar’ en su natal Cuba.

Aunque la gran mayoría de sus peleas se disputaron en suelo mexicano, también fue conocido internacionalmente. Peleó en Caracas, Venezuela ante L. C. Morgan a quien propinó una dura derrota por 'nocaut' efectivo, viajó a Japón para enfrentar a Taketeru Yoshimoto y repitió la dosis. Carlos Hernández sufrió el descalabro de parte del cubano-mexicano al igual que Giordano Campari en Nuevo Circo, Caracas.

La gran mayoría de sus peleas en los últimos años de su carrera se celebraron en escenarios de México y Estados Unidos, aunque Francia ocupa un lugar muy especial, pues fue donde se enfrentó con Carlos Monzón, argentino de Santa Fe que lo convenció de subir de categoría y trenzarse por el título medio, Monzón era amplio favorito por su ventaja en el peso. La victoria, fue para el pampero, pero también fue tema de inspiración para el cuento de Julio Cortázar: ‘La noche de Mantequilla’.

Un ídolo que ingresó al ‘Salón de la Fama del Boxeo’ en 1984 y seis años más tarde fue inmortalizado en el Salón Internacional de la Fama del Boxeo. Aunque su fama fue muy grande durante su vigencia en los cuadriláteros, y por ello, llegó a la pantalla grande, donde, junto a uno de los luchadores más famosos de la época protagonizó “Santo y Mantequilla Nápoles en la venganza de la llorona” en 1974.

De la gloria del boxeo, cayó en la pobreza. Radicado en Ciudad Juárez, Chihuahua desde hace dos décadas sobrevivía habitando una casa que, por caridad, le prestaron para que no viva en las calles. Su alzheimer y la diabetes combinada con una desnutrición lo tuvieron cerca de la campanada del último round desde 2017.

MantequillaNápoles se retiró en diciembre de 1975, tras una batalla en la Monumental Plaza de Toros México, donde enfrentó al británico John H. Stracey, dejando una marca de 77 victorias, de las cuales 53 fueron por la vía del cloroformo y siete derrotas.

Su récord y sus números nada tienen que ver con el impacto y la fama que dejó en la gente que le recuerda si se le menciona, porque su mote, ha trascendido generaciones completas. El 16 de agosto de 2019 deja de existir en el plano físico, pero su leyenda, seguramente seguirá siendo parte del pugilismo mundial que lo consideró entre los mejores boxeadores del peso welter.