Jack Burke vs. Andy Bowen, la pelea más larga de la historia

¿Se imaginan intercambiar golpes y artimañas durante 110 rounds, 7 horas y 19 minutos?

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Cuando Jack Burke y Andy Bowen subieron al ring del Olympic Club en New Orleans un jueves 6 de abril de 1893 jamás contemplaron la idea de que bajarían del encordado un día después con las muñecas fracturadas y exhautos hasta la médula.

Burke pasaría a la historia de forma accidental, ya que ni siquiera estaba contemplado para enfrentar a Bowen, pero salió al quite para no tener que cancelar la contienda, ya que era difícil en ese entonces conseguir la aprobación de las autoridades para organizar carteleras de boxeo.

Sonó la campana inicial y el pleito arrancó como cualquier otro: ambos peleadores danzando mientras intentaban descrifrar cómo conectar sus mejores golpes. Bowen parecía llevar la ventaja gracias a su fortaleza física, pero en el round 25 estuvo cerca de ser doblegado.

Transcurrieron los minutos hasta llegar al round 50 y los estragos físicos empezaron a ser evidentes. El ritmo de pelea había decaído significativamente a tal punto que la gente en las gradas ni siquiera tenía energía para abuchear o animar a sus preferidos.

Se dice que para la parte final de la contienda, un sector del público comenzó a retirarse del recinto. Otros se acomodaron como pudieron para dormir un poco. Unos más se presentaron tarde al espectáculo, pues el trabajo y las deudas, siendo jueves, no daban cabida a distracciones.

Los golpes de Bowen y Burke se habían convertido en fintas a medias y espasmos; un calcetín habría infligido más daño. Tras ver los daños en ambos rostros, abdomen y costillas y haber pasado 110 rounds, 7 horas y 19 minutos de pie, el tercero sobre la lona, John Duffy, determinó que el calvario tenía que parar.

En un principio concluyó que se trataba de un "no contest", es decir una pelea sin decisión, pero ello implicaría el reembolso de la taquilla y, tras considerar el daño y el empuje de ambos protagonistas, Duffy cambió la decisión a un empate.

Por más increíble que parezca, se dice que Burke y Bowen perdieron casi cinco kilos por cabeza durante la maratoniana contienda.

Jack Burke y Andy Bowen existen siempre como una imagen compuesta en el imaginario de los fanáticos del boxeo; por sí solos no representan más que apellidos de boxeadores comunes y corrientes que desfilaron con cuero en las manos sin pena ni gloria.

Pero juntos evocarán siempre la inverosímil conversación de la pelea más grandiosa y duradera en la historia del boxeo.