Ernest Hemingway, el Premio Nobel que amaba el boxeo

El escritor estadounidense siempre sostuvo que su escritura era nada y su boxeo lo era todo.

logo

Ernest Hemingway murió consciente de una verdad que para los demás fue una farsa: sus habilidades para boxear nunca estuvieron a la altura de su escritura ni de su pasión por este deporte.

El escritor estadounidense, ganador del Pulitzer de Ficción en 1953 y Nobel de Literatura un año después, fue casi todo lo que quiso ser en vida, excepto un boxeador nato, un prizefighter; aquel que pelea por necesidad y no por un impulso romántico de las cosas.

El boxeo fue un tema recurrente en su obra. Relatos como 'The Battler' y 'The Killers', y desde luego su novela The Sun Also Rises exploran el deporte de los puños como la metáfora de obstinación que todo hombre enfrenta tarde o temprano a lo largo de 12 rounds que dura una vida.

Pero una cosa fue su escritura --jamás puesta en duda-- y otra su talento para sortear los golpes del rival y conectar los propios.

Publicidad

Su colega de profesión y ocasional pareja de sparring, Morley Callaghan, describió la disparidad entre ambos arriba del ring. "La diferencia es que él había dedicado tiempo e imaginación al boxeo. Yo sí enfrenté a varios boxeadores universitarios veloces".

Una peculiar anécdota nos lleva a París durante la década de 1920. 'Papa', como apodaban a Hemingway, se encontraba en la capital francesa al mismo tiempo que el legandario campeón de peso completo Jack Dempsey.

El exceso de confianza impulsó al escritor a retar al campeón a una sesión de sparring que nunca se concretó, ya que Dempsey confesó haber sentido temor de lastimar al futuro peso pesado de las letras.

"Había un hombre con el que nunca me pondría los guantes. Era Ernest Hemingway. Tenía más o menos 25 años y estaba en buena condición física. Yo tenía la idea que Hemingway, quien estaba convencido de que podía boxear, saldría de su esquina como un loco. Para detenerlo habría tenido que lastimarlo y no quise hacerlo. Por eso nunca hicimos sparring", confesó Dempsey.

Publicidad

Con los guantes calzados, Hemingway se describía como un púgil áspero, dispuesto a cambiar su vida por un buen espectáculo de violencia. Pero la verdad fue terco de pies y manos con poco o nulo movimiento de cintura.

'Papa' se disparó en la cabeza a la edad de 61 años deprimido por su deteriorada salud que le privó de la escritura. Más de 50 relatos y 27 libros son el récord que legó el único boxeador que fue más grande con tinta en mano que con cuero en ambas.