Edwin Valero, 'El Inca' que pudo haber frenado a Pacquiao

Ante un Pacquiao invencible, el venezolano era el rival ideal para una pelea que nunca sucedería.

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Se dice en el boxeo que solo un hombre llamado Edwin Valero pudo haber frenado en seco el insólito ascenso de Manny Pacquiao en la primera década del siglo XXI.

De Valero se han dicho muchas cosas. Algunas comprobables y otras no tanto. Meros ejercicios de la imaginación de aquellos que juraron verlo noquear a Óscar de la Hoya durante una sesión de sparring en 2007 o el séquito que perjura que el venezolano habría fulminado al Pacquiao que despachó a nueve campeones mundiales de 2005 a 2010.

Pero lo único cierto es que Edwin Valero --zurdo de nacimiento y dotado de una prodigiosa velocidad y un estilo estético-- dejó inconclusa una carrera encaminada hacia el éxito con 27 peleas ganadas por nocaut o nocaut técnico --18 de estas de forma consecutiva en el primer asalto--, dos campeonatos mundiales, una enfermiza empatía con el chavismo y un largo historial de violencia doméstica que culminó, lamentablemente, con el asesinato de su esposa.

Aquellos que lo conocieron de cerca dicen que 'El Inca' tenía serios problemas para contener su ira. Las drogas, el acohol, la fama y su amistad con el poder terminaron por despertar a sus demonios.

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Sin embargo, el ring era el único lugar donde Valero podía entregarse a esa ira y convertirla en espectáculo.

Si hubo un momento en el que el venezolano debió enfrentar a Pacquiao debió ser entre 2007 y 2009, cuando ambos pelearon en superpluma y subieron a ligero.

Durante ese periodo, el fenómeno filipino enfrentó por segunda vez a Marco Antonio Barrera y Juan Manuel Márquez. Después subió de división y derrotó a David Diaz. En wélter dictó cátedra a De la Hoya y arrancó el 2009 bajando una categoría para noquear a Ricky Hatton en peso superligero.

Por su parte, Valero no había enfrentado ni de cerca la calidad de peleadores, pero las estadísticas hablaban por sí solas, ya que el porcentaje de nocauts era espeluznante y para entonces ya poseía dos cinturones mundiales en superpluma y ligero (AMB y CMB, respectivamente).

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Pero un 19 de abril de 2010, Edwin Valero decidió terminar con su vida en la cárcel. Ató su pantalón de un extremo a una de las vigas de la celda y el otro alrededor de su cuello, dos días después de haber confesado el asesinato de su esposa, Jennifer Carolina, en un hotel de Carabobo, Venezuela.

El desenfreno pudo más que la moderación. Nadie vería a Valero conquistar más divisiones ni protagonizar lo que sin duda habría sido un pleito histórico ante el único boxeador con ocho campeonatos en diferentes divisiones.