Brasil se estrelló con un Guillermo Ochoa milagroso

El arquero mexicano rindió al mundo a sus pies tras una tarde de atajadas 'mágicas'.

RUBÉN SAINZ
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Fue un 17 de julio, segunda jornada de la ronda de grupos en el mundial de Brasil 2014, el anfitrión llegaba como amplio favorito para vencer a México, que fue el último clasificado al certamen, tras una eliminatoria tortuosa que tuvo como desenlace una victoria ante Nueva Zelanda en la reclasificación.

Antes del certamen veraniego, Jesús Corona se perfilaba como el arquero titular, acababa de ganar la medalla de oro como capitán de la selección olímpica en Londres 2012. El DT, Miguel Herrera, ya había dicho con anterioridad que era su portero predilecto, pero sorprendió dándole la confianza a Guillermo Ochoa, recién descendido con el Ajaccio de Francia.

Ochoa disipó dudas sobre su elección contra Camerún en el primer juego, pero fue ante Brasil cuando el arquero 'azteca', puso al mundo a sus pies con sus increíbles atajadas.

Son cuatro las más recordadas, la primera al 25', cuando Neymar le ganó el saltó a Rafa Márquez y con la cabeza puso la pelota pegada al poste. Ochoa se lanzó desde su posición y alcanzó a 'rasguñar' la bola para impedir que besara la red. Esa era la que avisaba lo que se aproximaba, una tarde mágica para él.

La segunda al 43', una pelota quedó viva en el área cuando la defensa mexicana se había quedado pasmada. Eran tres de amarillo contra el guardameta que con una oportunísima salida logró detener el disparo a quemarropa. No había nada más que cuestionar, el arco mexicano estaba en buenas manos.

Al 68' volvió a dar muestra de sus 'reflejos' felinos parando un violentísimo disparo más a Neymar que se encontró solo al borde del área chica. La verdeamarelha no estendía que sucedía.

Ya al 85', con 'la canarinha' volcada al frente, con Thiago Silva casi como centro delantero, llegó la más recordada acción del tapatío, poniéndole la mano a un cabezazo potente del hombre del PSG que llevaba etiqueta de gol.

Brasil mereció ganar, Brasil fue mejor, México durante la primera mitad mostró mucha dignidad pero las opciones más claras siempre las tuvo el equipo local, aunque tuvieron que conformarse con el empate. Lo que no se esperaban, es que ese imponente y veloz autómovil que tenían como selección chocaría contra un muro llamado Guillermo Francisco Ochoa Magaña.